29.1.26

RESEÑA DE "LA PASIÓN DE LO VISIBLE. FÉLIX GUATTARI Y EL FUTURO DEL CINE", Josep M. Català Domènech, Shangrila

 

Reseña del libro La pasión de lo visible. Félix Guattari y el futuro del cine, de Josep M. Catalàen Kaos en la red. Por Iñaki Urdanibia.


FELIX GUATTARI: IMAGEN, TECNOLOGÍA Y PENSAMIENTO

«Se trata de aproximarse al pensamiento de Félix Guattari con un propósito[…] de excederlo y transformarlo, a modo de un ejercicio de comprensión…asimilándolo a mis intereses…..visitando de nuevo…»

Habitualmente la presencia del psicoanalista, pensador y activista francés, Félix Guattari (1930 -1992) queda ceñida, injustamente, a su colaboración con Gilles Deleuze en obras esenciales para el retrato del presente, y las líneas de fuga hacia el fututo, El Anti Edipo y Mil Mesetas, recogidos ambos bajo el rótulo común de Capitalismo y esquizofrenia, y alguna otra obra como ¿Qué es filosofía?, sin obviar su trabajo sobre Kafka; su figura quedaba prácticamente desdibujada, sino desaparecida, por el peso del filósofo. Hubo un Guattari antes de dicha colaboración y también uno después, además de que su peso en la pareja fue realmente de importancia, ya que las cuestiones psico-políticas entraron en el quehacer común, y en el particular de Deleuze, suponiendo un giro en la obra de este último; por cierto, para Slavoj Zizek la influencia de Guattari sobre Deleuze supuso una pérdida para éste. ¡Vaya! Fue al poco de la publicación de Diferencia y repetición y Lógica del sentido, a finales de la década de los sesenta del siglo pasado, cuando ambos se encontraron e iniciaron su andadura en común. En el libro de Josep M. Català Domènech al que me refiero en este artículo, «La pasión de lo visible. Félix Guattari y el futuro del cine», editado por Shangrila, puede leerse: «Cuando Deleuze y Guattari empezaron a colaborar en la escritura del Anti Edipo, a finales de los sesenta del pasado siglo, combinando la tradición más académica no por ello menos radical de Deleuze con el pensamiento psicosocial de Guattari, se estaba produciendo un nuevo cambio de época que, lejos de contradecir la precedente, incidía en sus aspectos más fundamentales, aunque los conducía por derroteros que habían sido impensados e impensables. La combinación de estos dos tipos de pensamiento, cada uno de ellos intensamente rupturista con sus respectivas tradiciones, era un inicio de cambio, a la vez que ponía de manifiesto la textura de la nueva ontología. Proponía también herramientas para pensarla».

Con anterioridad, Guattari había trabajado en una clínica psiquiátrica, sin dejar de implicarse en diferentes luchas, y con posterioridad de tal fructífera colaboración, éste continuó su andadura, implicándose entre otras cosas en el campo cinematográfico: la elaboración de un guión para un film de ciencia-ficción y hasta algún intento de entrar en los círculos hollywoodienses, dejando salir lo que en él estaba oculto debido a su entrega al psicoanálisis heterodoxo y al pensamiento…nada de ello culminó con éxito; con este fracaso se abría, sin embargo, la posibilidad de ahondar en las propuestas fílmicas de Deleuze. Si Guattari ponía en acto, o trataba de hacerlo, una práctica cinematográfica, Deleuze dedicaba varios libros a la teoría cinematográfica, y si Deleuze convertía el cine en filosofía, las posiciones de Guattari permiten incidir más directamente en la propia poética del cine, sacar conclusiones sobre cómo el cine piensa…apuntando al post-cine, nueva imagen del pensamiento plenamente contemporáneo, afirma el ensayista. Así pues, entre ambos quehaceres se establecía una colaboración, una más, esta vez virtual, si bien es de tener en cuenta que en la relación creativa conjunta que mantuvieron, según Català Domènech, quien fuese injustamente relegado fue quien aportó las ideas más revolucionarias al trabajo à deux.

Desde el inicio del potente ensayo (la potencia en acto es marca de la casa como se puede ver en otras obras del autor del libro*)vamos viendo entrelazadas las trayectorias de ambos pensadores, a la vez que se van señalando las diferencias que se dan entre ambos al menos en el ámbito del cine: así, se subraya cómo Deleuze no prestaba la debida atención a la imagen, en sí, desatendiendo los aspectos relacionados con las innovaciones tecnológicas, terreno en el que Guattari resulta más adecuado debido a su atención a estos aspectos, amén de la mirada sobre el sujeto, por medio del esquizoanálisis, aspecto que en la obra de Deleuze se desterraba.

Como quedaba insinuado líneas arriba, el quehacer conjunto no nacía de la nada, sino que se daba una concatenación entre el pasado que se diluye en el presente, mezclándose con él y transformándose en el proceso, originando una temporalidad compleja al darse una confluencia de tiempos diversos, mecanismo o dispositivo que el ensayista hace suyo, subrayando cómo Guattari afirmaba que todos los sistemas de modelización son válidos siempre que eviten tender a la universalización, elaborando cartografías de territorios existentes, teniendo en cuenta que las ideas aun siendo producto del pensamiento, también sirven para pensar…se cumpliría aquella afirmación tautológica de Jean-François Lyotard de que la tarea del pensar es pensar.

Son señaladas, como queda dicho, ciertas diferencias entre ambos miembros de la creativa pareja y así se hurga en algunas tesis de Deleuze sobre que en nuestra ,mente siempre hemos hecho cine, sin saberlo, o sobre al automatismo del pensamiento, cuestiones que muestran -según el autor- la necesidad de acudir a las posturas de Guattari como antídoto de ciertas tendencias idealistas de su amigo. Del mismo modo se presta atención a la desatención de Deleuze, en su postura en lo que hace a la historia de la filosofía, al imaginario en que se hallaban inmersos los filósofos visitados (Hume, Kant, Spinoza, Leibiniz, Bergson…), de quienes recomponía los conceptos, tratándolos así cono monadas, lo que podría solucionarse al prestar atención al imaginario que vendría a suponer una contextualización histórica más proba; además de que la inserción de ideas en el imaginario sería como plantar semillas, que a través de sus raíces…funcionado en rizoma daría lugar a nuevas ideas…lo imaginario, a finales del XIX, comienza a penetrar en la realidad modificándola, provocando una escisión en la mente entre la realidad objetiva y lo imaginario.

Todo ello, y muchas cuestiones más, parecen hacer válida aquella llamada de Elliot a deleuzar a Guattari, de cara a desvelar el peso y la importancia del pensamiento de este último en los terrenos de la televisión, el cine, el arte, la arquitectura…Si Foucault afirmaba que un día el siglo sería deleuziano, el ensayista sostiene que nuestros siglo se decanta cada vez más hacia Guattari, siendo cada vez más guattariano, al resultar su pensamiento más radical e inasumible, de donde se propone que es de justicia poner el foco,malgré Zizek, en lo no transitado por Deleuze.

Por medio de un singular juego de la oca, rizomático él, se exploran las relaciones entre la imagen, la tecnología y el pensamiento, abriendo las puertas a una posibilidad de una teoría fílmica posdeleuziana, un cine del futuro que ya se deja ver en el ecosistema del post-cine, compuesto por la realidad virtual, los documentales interactivos, los metaversos y otras tecnologías de la imaginación como la Inteligencia Artificial -de la que parece que la pareja habría preparado el camino mas también entregando los instrumentos para contrarrestarla- aplicada a la imagen, dando lugar a una nueva imagen del pensamiento, que -según afirma el autor- se alimenta más de las ideas de Guattari que de las de Deleuze.

Estamos ante una obra que se abre en diferentes vías que conducen a distintas informaciones y reflexiones sobre las visiones de Guattari y de Deleuze, caminos abiertos por las ideas como dinamizadoras de nuevas ventanas -cual líneas de fuga– que derivan por el archipiélago formado por el pensamiento, al arte, el cine, con el recurso a diferentes artistas, y sus obras, y teóricos de las disciplinas aludidas, y con el valor añadido de que se abra por donde se abra el libro siempre saltan chispas iluminadoras e inspiradoras…confirmando la propuestas del propio Josep M. Català Domènech al señalar que el libro tiene tantos puntos de acceso como quiera el lector, pudiendo empezar así por donde éste quiera o incluso abrirlo al azar, creando el itinerario propio, adoptando rumbos diversos…siempre sin ocultar que Guattari es la excusa para reflexionar sobre imagen, pensamiento, la complejidad del imaginario… Y así nos las veremos con la imagen-tiempo, imagen- movimiento, la imagen cristal deleuzianas, con el cine cuántico, los diagramas del pensamiento, con alegorías topológicas, con el rizoma, con todos los rostros, viajando del cine-bacteria al cine metástasis o al cine esquizoanalítico…de la mano de la siempre avezada guía de Josep M. Català Domènech.