Botonera

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8.5.17

VIII. "CELULOIDE ALUCINADO. LOS ESTADOS ALTERADOS POR DROGAS EN EL CINE POSMODERNO", José Ramón García Chillerón, Santander: Shangrila 2017




Hunter S. Thompson



Lejos de mí la idea de recomendar al lector drogas, alcohol, violencia y demencia. Pero debo confesar que, sin todo esto, yo no sería nada.

Hunter S. Thompson


Si El almuerzo desnudo supone el ensayo cinematográfico más serio y profundo que se había hecho hasta entonces en torno a la narrativa “alucinada”, Miedo y asco en Las Vegas representa la quintaesencia de lo que entendemos por “celuloide alucinado”. Da la sensación de que el revelado de los negativos del film de Terry Gilliam se hubiera hecho en cubetas de ácido lisérgico que han “impregnado” cada uno de sus fotogramas, proporcionando así la más visionaria y realista representación de las conciencias alteradas por drogas que se ha ofrecido hasta el momento en una pantalla. A diferencia de Cronenberg, Gilliam muestra en su película los efectos de drogas reales, de manera que debe atenerse a las diferentes visiones y permutaciones de la conciencia que cada droga hace en el organismo. Es cierto que las sensaciones que un individuo experimenta a la hora de consumir una determinada sustancia son tan caleidoscópicas y expansivas como el número de infinitos internos que habitan las conciencias de cada psiconauta. Sin embargo, también lo es que a un nivel fisiológico hay unos síntomas que afectan de forma parecida a todos los organismos. Esta dicotomía entre las alteraciones de la conciencia subjetiva y los efectos objetivos que las drogas ejercen en el cuerpo y la mente permitirán a Gilliam crear un exuberante imaginario “alucinado” mediante las más diversas técnicas.

Miedo y asco en Las Vegas, al igual que El almuerzo desnudo, siempre había sido considerado un libro imposible de filmar. Sin embargo, el film de Gilliam conserva intacto el espíritu hedonista y rabioso del reportaje original de Hunter S. Thompson, trasladando a la perfección el ritmo desenfrenado de un libro innegablemente difícil de llevar a imágenes por su sucesión de alocadas situaciones aparentemente inconexas para conseguir finalmente elaborar un discurso narrativo coherente pero nada condescendiente con las exigencias propias del sistema de estudios hollywoodiense, que, además, respeta la idiosincrasia “psicotrópica” de la obra de Thompson. Por otra parte, la adaptación que hace Gilliam de Miedo y asco en Las Vegas, pese a ser bastante literal con respecto al texto original, tiene numerosos elementos propios del cineasta que se fusionan a la perfección con la obra de Thompson para recrear en imágenes un pantagruélico “festín” de drogas que desemboca en una aventura de ecos quijotescos donde se fusionan el western tóxico, la road movie paranoica y el terror psicodélico, como veremos en las páginas a continuación [...]