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30.4.18

XIV. "MELANCOLÍA" - JONÁS TRUEBA O LA ARCADIA EN FLOR




La reconquista, Jonás Trueba, 2016



Al lector que aborda un monográfico consagrado a la melancolía puede resultarle extraño que se le dediquen unas páginas a un autor relativamente joven como Jonás Trueba, que como director cuenta con una obra cinematográfica escueta, compuesta por cuatro películas, la mitad de ellas con una producción y difusión comercial harto limitada, si no ínfima, o directamente de guerrilla. Sin embargo, lo cierto es que a día de hoy si algún director español se desenvuelve de manera reiterada y obsesiva en las coordenadas de la melancolía, este es Jonás Trueba. 

Al manejar un concepto como el de “melancolía” no debemos albergar el prejuicio de que solo artistas de una cierta edad o condición la padecen, o que es patrimonio exclusivo de aquellos que miran hacia la historia o el pasado, o de esos otros que se enfrentan a la muerte, o han sufrido un trauma severo, como Garrel, Duras, Oliveira, Angelopoulos, Tarkovski, Kaurismaki o Antonioni... Es también una leve afección del alma, una lacra del carácter, un soplo existencial, un bello ejercicio de rebeldía o el síntoma de una disonancia [...]


Jonás Trueba o la Arcadia en flor
Jesús García Hermosa


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3.5.15

XXII. "PIER PAOLO PASOLINI. UNA DESESPERADA VITALIDAD", Revista Shangrila nº 23-24, Santander: Shangrila Textos Aparte, 2015.




EFFETO DIPINTO. LA PINTURA
EN EL CINE DE PIER PAOLO PASOLINI
Jesús García Hermosa





Madonna di Ognissanti, Giotto / El Decameron, Pier Paolo Pasolini, 1971



Es necesario inventar nuevas técnicas, imposibles de reconocer, que no se asemejen a ninguna operación precedente, para evitar la puerilidad y el ridículo. Construirse un mundo propio, sin posibles comparaciones, para el que no existan medidas previas de juicio, que deben ser nuevas, como la técnica. Nadie debe comprender que el autor no vale nada, que es un ser anormal, inferior, que, como un gusano, se retuerce y estira para sobrevivir. Nadie debe tacharlo de ingenuidad. Todo debe parecer perfecto, basado en reglas desconocidas y, por lo tanto, no juzgables, como un demente. 
Teorema, Pier Paolo Pasolini, 1968

Todo es santo, todo es santo. Recuerda muchacho mío: no hay nada natural en la naturaleza. Cuando te parezca natural todo habrá terminado y empezará algo distinto. Adiós cielo, adiós mar. 
Medea, Pier Paolo Pasolini, 1969


La pintura es uno de los principios constitutivos básicos más importantes del estilo cinematográfico pasoliniano. No solo supuso su primera y mayor influencia a la hora de lanzarse a la dirección de cine, pues Pasolini no tenía más formación cinematográfica que la de ser un exitoso guionista y un espectador exigente, sino que la presencia de alusiones pictóricas directas e indirectas resultan una piedra angular clave para entender la arquitectura fílmica pasoliniana.
Aunque la presencia pictórica en la filmografía de Pasolini sea más que evidente, podemos afirmar que, en realidad, su trascendencia se desenvuelve a niveles más profundos, ya que desempeña el papel de vector estético organizativo clave en su ataque al modo de representación cinematográfico industrial establecido. Pasolini pone en escena sus filmes consciente de que su primer deber consiste en sabotear la representación del mundo privilegiada surgida del Renacimiento, que “asignó a la mente del hombre un lugar ‘en el centro del universo’ lo mismo que la perspectiva asignaba a su ojo un lugar en el centro de su representación gráfica”, y que proyecta un universo ordenado en función de su propia razón.

En su caso, la pintura no se limita a ser objeto de cita culterana o a constituir un referente postmoderno, al modo de un elemento adicional de su collage cinematográfico, o de su programa de contaminación, como la música. La alteración del plano visual “natural” constituye el eje formal perfecto a la hora de plasmar su manera de ver y representar el mundo: sacra, herética, contaminada y pasticheur. Esto es absolutamente coherente con una concepción ideológica y estética radicalmente alternativa, emancipadora y opuesta al modo de representación hegemónico occidental burgués; directo legatario del paradigma antropocentrista surgido a partir del Renacimiento, periodo en el que aparece la nueva clase cuyo empoderamiento culmina en los siglos XIX y XX (...)


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21.5.14

XXIII. MARGUERITE DURAS. MOVIMIENTOS DEL DESEO. Revista Shangrila nº 20-21, Santander: Shangrila Textos Aparte, 2014.







Si queremos regresar a un mundo verdadero, que implique que admitamos los límites del lenguaje y que sepamos cómo usar la ficción al servicio de la verdad y no al servicio del deseo ilimitado, entonces necesitamos cambiar la ficción. (...) La responsabilidad de los artistas contemporáneos es la de proponer una nueva ficción. No es fácil porque al
principio las nuevas ficciones no son reconocibles. 
Resultan extrañas en un mundo dominado por la competición y el dinero. La creación de nuevos modos de ficción y nuevos modos de crear ficción es de suma importancia. 
Alain Badiou

Tout amour vécu est une dégradation de l’amour 
(Todo amor vivido es una degradación del amor) 
Aucun amour au monde ne peut tenir lieu de l’amour 
(Ningún amor en el mundo puede hacer las veces del amor)
Los caballitos de Tarquinia (Les petits chevaux de Tarquinia, Marguerite Duras, 1953)


Marguerite Duras pertenece al escaso grupo de escritores que ha simultaneado su quehacer literario con una amplia carrera cinematográfica, pero la naturaleza de su caso resulta extremadamente particular, pues además de ser la única mujer de su tiempo con este bagaje se encuentra entre los contados escritores –en dura pugna con Pier Paolo Pasolini– que han logrado conformar una obra cinematográfica compacta, coherente y arriesgada, a la altura, o incluso superior, a la obra literaria que les ha dispensado fama. Sin embargo, al contrario que Pasolini, su extensa filmografía es abrumadoramente desconocida, con lo que su faceta como cineasta carece de la necesaria difusión y del merecido reconocimiento. (...)





Marguerite Duras. La lepra del corazón
Jesús García Hermosa