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12.4.20

DESCARGA GRATUITA EN PDF: REVISTA SHANGRILA Nº 28-29: UNAS SOMBRAS, UN TREN




Agotada la edición en papel de este número doble
(28-29, marzo de 2017) de la Revista Shangrila,
dejamos el pdf en libre descarga para todos los interesados.






31.3.17

XXIII. "UNAS SOMBRAS, UN TREN". Revista Shangrila nº 28-29, marzo 2017







Mademoiselle Hortense Fleury, sentada en el gastado sillón de orejas, lanzaba su memoria a las llamas como si en tal acto de rebeldía pudiera eliminar su profundo cansancio cubierto de arrugas. Con aquel gesto creía quemar la infancia, los recuerdos de aquellos veranos familiares que se habían convertido en un tremendo peso del que necesitaba despedirse. Pero todavía se preguntaba si era posible evocar la memoria de los otros.

Mademoiselle Fleury desconfiaba a menudo de la eficacia de destruir su memoria guardada celosamente en esas enormes cajas de latón etiquetadas por su padre y también temía hacer desaparecer su pequeño estuche de madera con una libélula dibujada en la tapa. Se había cansado de recordar y solo cuando su vida llegaba al siglo tuvo la necesidad incomprensible y urgente de deshacerse de todo. La memoria y su continuo viaje al pasado la habían encerrado en una pequeña cárcel confortable de la que ahora sentía la necesidad de liberarse.

La anciana Hortense intuía que las llamas no destruyen los recuerdos ni el agotamiento de vivir. Pero pensó que, quizá, esa alegoría pudiera cerrar la derrota de su vida. Algunas veces intentaba incorporarse en el sillón y, con las manos vacías, hacía el ademán de tirar algo al fuego. Estaba sola, todos habían desaparecido, también sus hermanos, la guerra se llevó a los chicos, las dos niñas murieron, la pequeña nunca fue mayor, la tosferina no la dejó crecer. Solo ella quedaba dentro de la casa familiar como albacea de un pasado de sombras
[...]


"El peso de la memoria".
Olvido Marvao





   



30.3.17

XXII. "UNAS SOMBRAS, UN TREN". Revista Shangrila nº 28-29, marzo 2017




Le Thuit. Tomàs Pladevall, rodaje de Tren de sombras. Foto: Alex Gaultier



Para un director de fotografía, una película como Tren de sombras es muy gratificante ya que, sin diálogos ni trama de acción literaria, la imagen es la principal conductora de la ficción. Con José Luis Guerin preparamos larga y concienzudamente todos los aspectos visuales de este documental de creación, concebido como un homenaje al cinematógrafo en el centenario de la invención de los hermanos Lumière. El siguiente texto es la crónica del día a día de la preproducción, rodaje y postproducción de la fotografía de este emblemático filme.

 Le Thuit. Tomàs Pladevall y Teresa Burgos, ayudante de cámara.
En segundo término el grupista Enric (izq.)
y el jefe de eléctricos Apolinar Ramiro. Foto: Alex Gaultier


Le Thuit. José Luis Guerin ensayando desde la cámara. Foto: Alex Gaultier


14/12/94 - BCN1:  José Luis Guerin me telefonea para charlar un rato. No le conozco personalmente, pero hace un año hablamos por teléfono cuando me comunicó su adhesión a la campaña para la recuperación del abandonado Salón Imperial de Sabadell, el histórico cine de 1911 amenazado de derribo. Nos vemos y, tomando un café, hablamos... ¡de cine! Me comenta sus futuros proyectos. Posiblemente unos cortos con motivo del centenario del cinematógrafo, rodajes en los que le gustaría que yo colaborara, ya que implicarían manipulaciones de imágenes y él encuentra interesante mi trabajo en los falsos documentales de Gaudí (Manuel Huerga, 1987), película, por cierto, por la que Pere Portabella se decidió a contratarme para fotografiar Puente de Varsovia (Pont de Varsòvia, 1989). Me entusiasma la posibilidad de rodar con José Luis Guerin, nada menos que el director de Los motivos de Berta (1983) y de Innisfree (1990), películas que me impactaron.

Antes de despedirnos me pasa un texto de Gorki para que lo lea
[...]


"Diario de la dirección
de fotografía de Tren de sombras".
Tomàs Pladevall





   



29.3.17

XXI. "UNAS SOMBRAS, UN TREN". Revista Shangrila nº 28-29, marzo 2017




Tren de sombras


José Luis Guerin celebra el cine. Lo celebraba sin duda mucho antes de filmar su primer plano y lo celebra en cada clase, charla, conversación. Lo celebra en las películas que hace y en las películas que convoca, amorosamente, minuciosamente. Lo celebra comentando una pintura, un libro, un verso, recorriendo un espacio, atendiendo a un sonido.

Cuando el 28 de diciembre de 1995 se conmemoraba el centenario del nacimiento del cine, un siglo después de la primera proyección pública del Cinematógrafo Lumière, tenía un motivo de celebración singular. Mientras se multiplicaban eventos más o menos monumentales recordando algo que ocurrió (como si el origen fuese algo del pasado), Guerin preparaba su personal celebración del nacimiento, del principio del cine.


Tren de sombras  es una película que celebra el cine sumergiéndose en sus orígenes: los más íntimos, los más profundos. Como en una cosmogonía, los orígenes son el inicio del mundo y lo contienen. Son el principio: el comienzo y el fondo, a la vez el punto de partida y el vector del trayecto.


Los orígenes del cine, nos cuenta Tren de sombras, son las vocaciones, ilusiones y sueños que lo hicieron existir. Son los deseos que mueven a los cineastas, las películas, los planos: los impulsos que hacen que en este preciso momento alguien esté deseando (hacer) cine y que también, por ese mismo deseo, lo esté viendo.



 Tren de sombras


¿Cómo cuenta, muestra, celebra Tren de sombras esos orígenes? Con una estructura clara y compleja a la vez: en bloques o, más bien, movimientos (como los movimientos de una composición musical) radicalmente diversos pero íntimamente relacionados. Con gestos y motivos que recorren, más visibles o más ocultos, toda la película.


Podría aventurarse un recorrido transversal de los impulsos de cine que articulan la película y que la película celebra: participar, observar, capturar, aislar, componer, indagar, imaginar, proyectar, representar… Podrían detallarse los motivos que la componen: rostros, espacios, ruinas, árboles y hojas, ríos y lagos, aguas, lunas, brumas, transportes, sonidos (trenes, bicicletas, pájaros); y también las propias imágenes, el soporte, el tiempo, los tiempos, los signos…


Pero descomponer la película para así recomponerla negaría su misterio: cómo transita entre actos de cine tan diversos; cómo riman o se responden los movimientos entre sí; cómo se descubren, transformadas, las materias en el tiempo; la superposición de capas, la celebración lírica, la capacidad evocadora, el misterio.


Lo más parecido a restituir su recorrido y el asombro del encuentro probablemente sea seguir la linealidad de la película y tirar algunos hilos entre sus tiempos. Sabiendo que las películas queridas invitan en cada visionado a un ejercicio imposible: verlas como por primera vez
[...]


"Todos los deseos del cine".
Nuria Aidelman





   



27.3.17

XX. "UNAS SOMBRAS, UN TREN". Revista Shangrila nº 28-29, marzo 2017




Psicosis 24 horas, Douglas Gordon, 2006



Don Delillo, el escritor norteamericano en el que la reflexión posmoderna acerca de las formas de ficción da lugar a un nuevo arte de la novela, comienza y termina su breve narración Punto Omega con la asistencia repetida durante varias sesiones de un personaje anónimo a una de las salas de exposiciones del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA)  donde el artista Douglas Gordon, en el verano de 2006, expuso su obra videográfica Psicosis 24 horas (24 Hours Psycho, expuesta por primera vez en 1993). Esta obra de Douglas Gordon, como su propio título indica, consistía en una emisión ralentizada, en cámara lenta, de la película Psicosis de Hitchcock, de tal manera que su metraje original, contado en minutos y segundos, ocupara, por medio de su intervención videográfica, justo las veinticuatro horas que dura un día. La película, así tratada, en una permanente descomposición de los gestos y el espacio del original fílmico en una implacable absolutización del tiempo, era proyectada sobre una gran pantalla que descansaba directamente sobre el suelo, sin ninguna elevación que subrayara su presencia, en la mitad misma de la sala cuadrangular. La película de HItchcock se emitía en la sala desde que abrían el museo hasta que lo cerraban, reanudaba su proyección al día siguiente en el punto de las veinticuatro horas donde se había quedado la jornada anterior, y se proyectaba, además, desprovista del diálogo y la música originarios, sin banda sonora, en un silencio sepulcral, solo interrumpido por los visitantes que entraban por la puerta deslizante de la sala. La novela de Delillo, publicada a su vez en 2013, que es propia de la forma de hacer de su época final, con narraciones breves e intensas, tendentes a un laconismo riguroso, en estos fragmentos que tienen como telón de fondo la obra de Gordon y que escoltan la historia límite que da sentido al libro, en la que ahora no podemos entrar, se centra en el análisis de la forma de comportarse que tienen los espectadores, en concreto en la de un hombre anónimo que protagoniza su narración, ante una obra como esta, donde se deconstruye la experiencia cinematográfica más característica para dar lugar, en el mismo proceso de deconstrucción, a la apertura de una nueva experiencia donde se libera el uso de lo cinematográfico. No en vano es un proceso que Delillo ha puesto en juego con sus novelas, también publicadas en la década de los noventa del siglo anterior. En ellas, Ruido de fondo, Mao I, Submundo, por ejemplo, Delillo, a decir de David Foster Wallace, el escritor que se considera su heredero directo, la hipernarratividad llevada a su máximo extremo en John Barth o Donald Barthelme, héroes primeros de la posmodernidad literaria en América, se repliega sobre sí misma, en su consistencia de ficción, para convertirse en el espejo más apropiado en un mundo, aquella ya lejana década de los noventa, donde más que nunca lo sólido parecía desvanecerse en el aire [...]


Rodaje de Tren de sombras


"El cine es inadmisible".
Pablo Perera Velamazán





   



24.3.17

XIX. "UNAS SOMBRAS, UN TREN". Revista Shangrila nº 28-29, marzo 2017




Tren de sombras



No hay un “ver las cosas por primera vez”.
Lo que recordamos, lo que advertimos,
es siempre una segunda vez. 
Cesare Pavese

  El cuerpo es una colección de espíritus.
Jean-Luc Nancy

 
A los fantasmas se les puede tratar de dos maneras: abruptamente o con delicadeza. En esto no difieren del resto de seres, reales o irreales, que pueblan el orbe. ¡Dadme una tela con dos agujeritos y removeré el submundo! No se trata en estas pocas páginas de dar cumplida explicación de tales verbosidades, confiadas al tacto del lector (de acuerdo con el principio de caridad interpretativa). Es pertinente recordar, sin embargo, que el orden de la verdad –el orden a partir del cual se establece la diferencia entre lo verdadero y lo falso– se conjuga con el orden y, a menudo, el desorden de la ficción (de acuerdo con un principio, no menos caritativo, de cercanía y distinción). Así como el investigador hace uso de su imaginación cuando elabora una hipótesis, así también el artista hace uso de “la realidad” cuando, en un sentido u otro, la trasciende. Los fantasmas trascienden el sentido o subyacen al orden que lo instaura. Lo blanquean. Son la medida sin cambio universal, el dinero negro de nuestra existencia.
 

 Tren de sombras

Cada término hasta ahora empleado (verdadero, falso, realidad, ficción) está sujeto a una discusión que evitaré en la medida de lo posible –sin perjuicio del buen entendimiento o, en su defecto discursivo (coincidente con el exceso afectivo), de la bondadosa acogida (intuitiva) del texto. Haremos uso del abuso de las palabras (con permiso de John Locke, quien diera este título a uno de sus ensayos). Liberalmente, así pues; confiados a la desenvoltura del lector, autor segundo que dará por buenas o desautorizará estas demandas fantasmagóricas, mayestáticas, encubridoras del yo que escribe ex profeso… ora del ser, ora de algo que no esconde su apariencia de nada. ¿Cómo es que hay fantasmas en vez de totalidades cerradas y opacas? Póngase todo entre paréntesis, excepto lo que en ellos se encierra
[...]


 "Huellas, columpios y fantasmas".
Miguel Ángel Hernández-Saavedra





   



23.3.17

XVIII. "UNAS SOMBRAS, UN TREN". Revista Shangrila nº 28-29, marzo 2017



Tren de sombras



[...] aunque el trabajo formal del filme es potente e impecable, como todo el cine de Guerin, sin duda uno de los autores más grandes del cine español e internacional (y lo creo sinceramente, no se intenta hacer olvidar con este halago lo que viene después del “pero”), el contenido de las imágenes es uno muy concreto que, en mi opinión, responde al deseo, históricamente marcado, del sujeto burgués masculino, lo que limita, en mi opinión, lamentablemente, las posibilidades de liberación del espacio de la representación.
 
 
 Tren de sombras

Creo, con Nietzsche, que en el fondo, más que átomos lo que hay son fuerzas. En la búsqueda de la esencia, del verdadero significado de las cosas, lo que encontramos no son sus átomos, como sus constituyentes últimos sino a nosotros mismos, nuestra voluntad, que se apropia de las cosas al vivir.
En un primer visionado de la película, parecería que Guerin quisiera desvelarnos lo que realmente hay detrás del metraje encontrado de las películas domésticas de la familia Fleury, si no fuera por un complejo juego de imágenes encadenadas, hacia el último cuarto de la película, que culminan con el plano fijo de una calle de la población de Le Thuit, una calle que desemboca en el río Sena, el cual forma, a su paso por esta población, un lago en cuyas orillas están filmadas muchas de esas películas
[...]


 "La luz que deja pasar
por el ojo de la cerradura".
Jorge Corral Bermejo





   



22.3.17

XVII. "UNAS SOMBRAS, UN TREN". Revista Shangrila nº 28-29, marzo 2017



 Cines, Santiago Estruch, 2000

Foto © Santiago Estruch



Tal vez lo que retengo no sea más que una sombra,
Pero has de distinguir en ella un rostro eterno.

    Yves Bonnefoy, Del movimiento y la inmovilidad de Douve


Nathalie Sarraute recogía el guante que lanzara Stendhal al advertirnos que “el genio del recelo ha bajado a la tierra” y, en un artículo titulado “La era del recelo”, reflexionaba sobre lo que este nuevo tiempo suponía para la novela y el cultivo de las artes. Allí, Sarraute decía:

El recelo, que está destruyendo al personaje y a todo el desusado aparato que respaldaba su poder, es una de esas reacciones mórbidas con las que un organismo enfermo se defiende y encuentra un nuevo equilibrio. Obliga al novelista a cumplir lo que constituye –según Toynbee, recogiendo la enseñanza de Flaubert– “su obligación más profunda: descubrir lo nuevo”, y le impide cometer “su crimen más grave: repetir los descubrimientos de sus predecesores”.

 
Foto © Santiago Estruch


Sarraute sabía muy bien que nuestra era prefería el documento a la invención, y que esto propiciaba la crisis de la ficción frente al imperio de la no ficción. Ahora que está de moda decir entre los escritores cinematográficos que la frontera entre el documental y la ficción se ha diluido hasta extremos insospechados, parecería que ya no es necesario inventar nada, y que es suficiente con limitarnos a jugar con el material que la realidad pone delante de nuestros sentidos.  La invención ha pasado de moda y géneros como el falso documental o el documental de creación (como si todo documental no fuera un acto de creación) han ocupado el terreno que la inventiva de un autor era capaz de imaginar. Así ya no se necesitan los mitos, o, en todo caso, se revisan en un flujo constante que cada generación deja en legado a la que le seguirá inmediatamente. Pero también constatamos algo en ese relevo: lo inverosímil ha dejado de interesarnos
[...]


 "La invención de Muriel".
Nacho Cagiga





   



21.3.17

XVI. "UNAS SOMBRAS, UN TREN". Revista Shangrila nº 28-29, marzo 2017




Tren de sombras


Los espíritus… adoptan las formas
y actividades que les otorgan
las esperanzas y pensamientos
de los mortales y los recuerdos
que éstos han atesorado.
Charles Dickens, El Carillón.


MIRAR PARA VER

 
Cuando nos dejan las imágenes filmadas por Gérard Fleury, algunos restos de los paisajes donde ha estado su familia aparecen emborronados en el celuloide dañado y húmedo. Como el movimiento circular de un carrusel, se resisten a irse. Nos hemos quedado con ganas de otra vuelta. Lo que vemos a continuación es una secuencia donde no hemos cambiado de escenario: la ciudad de Le Thuit regresa a nosotros pero con sus habitantes de hoy. Inevitablemente volveremos nuestros pasos al viejo caserón de Fleury, ahora abandonado, aunque no vacío. Dentro asistiremos a un retorno al pasado que ya hemos visto. ¿Es ese retorno orquestado por una invocación inconsciente que yace latente en las esquinas del caserón? El espectro de Le Thuit no ha terminado con nosotros aunque pensemos que nosotros sí hemos terminado con él.




 Tren de sombras


En muchas historias de fantasmas, y Tren de sombras (1997) lo es, estos pueden ser huellas dejadas a través del tiempo que retornan como un resto de algo que quedó por resolver, asuntos que los vivos no zanjaron. Podríamos tomar como ejemplo clásico los relatos de fantasmas y espectros escritos por Charles Dickens. En ellos siempre tenemos la misma situación: un hombre rígido enfrentado a sí mismo. Desde el hosco Gabriel Grumb de Historia de unos goblins que raptaron a un enterrador, pasando por el humilde Toby Veck de El Carillón, sin olvidar al avaro Ebenezer Scrooge del popular Cuento de Navidad, todos estos personajes comparten el no mirar su existencia y la de los que les rodean desde una perspectiva que les permita trascender su clase social y sus valores. En estos y otros relatos del inglés las imágenes espectrales manifiestan lo que los protagonistas pasan por alto en la vorágine del ahora. Todos entran en un estado de trance donde lo invisible se hace visible, sugiriendo rumbos de acción antes no considerados
[...]


 "Derivas de una invocación".
Mariana Freijomil





   



20.3.17

XV. "UNAS SOMBRAS, UN TREN". Revista Shangrila nº 28-29, marzo 2017




Tren de sombras



Decía Cocteau que el cine “toma a la muerte en el trabajo”. Toma, capta. ¿Captura? No: es el cine el que debe ceder, lo que hace cada vez que alguien dice “corten” o cuando se acaba el rollo (o la cinta, o la fuente de energía). La muerte sigue pasando, visible, sonora, sujeta a su trabajo, pero escapa: virtualmente infinita, en la medida en que ha de trabajar mientras la vida dure y esta sigue siempre más allá de cualquier desfallecimiento. No hay espejo capaz de seguirle el paso y por eso el relato, al constituirse, ha de renunciar a tal persecución para retomar el combate donde mejor se defiende: en el espacio cerrado, aun volcado por completo a su propia exposición, de un escenario, con su fatal y clásica por eso unidad de acción, lugar y tiempo. Ya que es precisamente la imposición de la idea de conjunto a la materialidad de unos fragmentos, como a las islas con que se lo forma la noción de archipiélago, la que conforma un relato, una obra, un todo en un sinnúmero de pasajeras piezas sueltas. Es esto lo que se hurta a la muerte: el concepto, capaz de renacer cada vez que alguien lo comprende de uno u otro modo, que mantiene lo perecedero junto en un bucle como abstraído de la sucesión del tiempo, que lo dispersaría. Descomposición: cuando se rompe la relación entre las partes –así dice Spinoza–, como ocurre cuando un fragmento de cine –el plano aislado, más válido como ejemplo cuanto más imposible sea de restituir en una secuencia– aparece mezclado en un clip o perdido en cualquier recopilación de materiales heterogéneos, resurge a la superficie claramente la obra de la muerte en el momento de su realización, segundo a segundo, ya sin el velo de eternidad prestado por la integración de lo concreto allí agonizante al discurso abstracto que sirve y por el que justifica su sostenida presencia. Mejor aún, como ejemplo, si no se trata de una estrella, si no hay un nombre bajo el que ubicar la persona o el lugar a la vista, si no es posible fechar ese momento sorprendido. Puesta al desnudo por el anonimato, la imagen en movimiento sin un cosmos que la sostenga es inexorablemente la muerte en escena. Nostalgia y angustia concentradas en los fotogramas que resurgen de un tiempo ido, pasado como el presente pasa. O el testimonio de Wim Wenders sobre los últimos días de Nicholas Ray: cuando hablabas con él estaba vivo, pero en cuanto lo mirabas a través de la cámara era evidente que se estaba muriendo [...]


 "Cine fantasma".
Ricardo Baduell





   



17.3.17

XIV. "UNAS SOMBRAS, UN TREN". Revista Shangrila nº 28-29, marzo 2017





Tren de sombras



Efectivamente, el jardín escondía un abismo, como del espíritu griego afirmara Nietzsche. Hay un régimen solar de la imagen, que se corresponde con esa concepción algo ridícula (y winckelmanniana) de la luminosidad helénica y autocentrada, que es también la del espacio burgués y dominical, ajardinado, de amor profano y familiar, que custodia –cree custodiar– con su cámara de aficionado Gérard Fleury. Es el rozarse y entrecruzarse de los cuerpos luminosos. Pero hay además –es lo que finalmente asoma- un régimen nocturno de la imagen donde aparece el amor oscuro, nocturno, acaso inhumano. Entonces, esos seres cuyas imágenes no sabían de opacidad, ni de secretos, de mortalidad ni de angustia, de repente sufren la disolución en la fiebre tenebrosa de la noche, la pasión y el olvido,  gemela de la enfermedad del tiempo y el río que degrada sin piedad el fotograma, lo que tal vez sea un símbolo, o un síntoma, en el sentido psicoanalítico. Es, en fin, la noche, que toda razón disuelve sin remedio.


 
 
 
 Tren de sombras


Y entonces, cuando cae la noche, todo, la mansión, el parque o el jardín, donde la naturaleza está junto a los objetos de la civilización y  las estatuas de los mitos tranquilizadores, parece vacilar bajo el rumor de los árboles. Lo que antes se mostraba como la mera faz de un placer superficial, ahora, en los repliegues del espacio familiar, del terreno y de la imagen misma, se convierte de pronto en una ilusión inquietante y hasta ominosa; se pone en manos de la noche misma, que parece jugar sádicamente con ella y nos arrastra hacia el oscuro corazón del jardín. Allí donde experimentamos el eclipse de la limitada eficacia o la docilidad ingenua de un filme de domingo y aflora la sinrazón de una misteriosa muerte [...]


 "El corazón oscuro del jardín".
Alberto Ruiz de Samaniego