Botonera

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21.9.19

MOGAMBO CINEMA: Lars von Trier, Jorgen Leth / José María Berzosa / Lech Majewski / Eugeni Bonet / Isaki Lacuesta / Peter Greenaway / Agnès Varda




MOGAMBO CINEMA




Cinco condiciones (Lars von Trier y Jorgen Leth, 2003)


Pinochet et ses trois généraux (José María Berzosa, 2004)


El jardín de las delicias (Lech Majewski, 2004)


Tira tu relog al agua (Eugeni Bonet, 2004)


Las variaciones Marker (Isaki Lacuesta, 2007)


La ronda de noche (Peter Greenaway, 2007)


Las playas de Agnès (Agnès Varda, 2008)



MOGAMBO CINEMA: Agnès Varda / Jean Luc Godard / Harun Farocki / Alain Cavalier / Aleksandr Sokurov / John Maybury / Aleksandr Sokurov




MOGAMBO CINEMA




Jane B. par Agnès Varda (Agnès Varda, 1987)


JLG-JLG Autorretrato en diciembre (Jean-Luc Godard, 1995)


Scnittstelle (Interface) (Harun Farocki, 1995)


La Rencontre (Alain Cavalier, 1996)


Hubert Robert: una vida afortunada (Aleksandr Sokurov, 1996)


El amor es el demonio (John Maybury, 1998)


El arca rusa (Aleksandr Sokurov, 2002)



MOGAMBO CINEMA: Luc de Heusch / André Delvaux / Orson Welles / Jean-Luc Godard / Werner Herzog / Eric Pauwels




MOGAMBO CINEMA




Magritte ou la leçon de choses (Luc de Heusch, 1960)


Met Dieric Bouts (André Delvaux, 1975)


Filming Othello (Orson Welles, 1978)


Pasión (Jean-Luc Godard, 1982)


Scénario du film Passion (Jean-Luc Godard, 1982)


Werner Herzog Filmemacher (Werner Herzog, 1986)


Voyage iconographique: Le martyre de Saint-Sébastien (Eric Pauwels, 1989)



20.9.19

IV. "VISLUMBRES", Georges Didi-Huberman, Shangrila 2019





"[...]
Adopté la costumbre de llamar “vislumbres” a fragmentos de cosas o de acontecimientos que aparecen ante mis ojos. Esto nunca dura mucho tiempo. Fragmentos, astillas del mundo, restos que van, que vienen. Empiezan a desaparecer en cuanto aparecen. Sin embargo, todo lo que es visible a mi alrededor no es para mí una “vislumbre”. Por hábito personal –más que por una voluntad cualquiera de dar un sentido de categoría, definida o definitiva, a esta palabra–, digo “vislumbre” cuando lo que aparece ante mí deja, antes de desaparecer, algo así como la estela de una pregunta, de un recuerdo o de un deseo. Es algo que dura un poco más que la aparición en sí misma (una remanencia, una asociación) y que merece entonces, siempre en mi hábito o bricolaje de escritura, el tiempo de trabajo, o de juego, de una frase o dos, de un párrafo o dos, o más. De experiencia vivida en el tiempo del puro pasaje, la vislumbre deviene entonces una práctica de escritura intermitente, mi “pequeño” género literario disperso-rápido, multiforme y sin proyecto, al margen o a través de mis “grandes” investigaciones obstinadas-pacientes. 

Vislumbres, del verbo vislumbrar. Es un poco menos que ver. Es ver un poco menos bien, menos bien que cuando la cosa por ver se ha convertido en objeto de observación, esa cosa de ahora en más inmovilizada o posada en una alguna plancha de estudio, como el cadáver bajo el ojo del anatomista o la mariposa prendida con alfileres a su plancha de corcho. Vislumbrar es solo ver al pasar, ya sea que algo o alguien pase fugitivamente por mi campo de visión (estoy sentado a una mesa de café, una persona notable pasa delante de mí y desaparece de inmediato en la multitud), ya sea que mi propio campo de visión pase demasiado rápido para demorarse en algo o en alguien (estoy en el metro, una persona notable está de pie en el andén, pero soy yo quien pronto me precipito en el túnel de la estación). Vislumbrar, pues: ver justo antes de que desaparezca el ser por ver, el ser apenas visto, entrevisto, ya perdido. Pero ya amado, o portador de un cuestionamiento, es decir, de una suerte de invocación. El género literario de las “vislumbres” sería una forma posible de escribir ese tipo de miradas pasajeras. 

Vislumbres, en plural, evidentemente. Singularidades múltiples, si es cierto que singularidades y multiplicidades constituyen los elementos más cruciales de la exploración literaria (desde Proust) o filosófica (desde Bergson). No obstante, no deseo ni trazar el sistema de las singularidades múltiples en el que se dibujaría una fisonomía de mi sensibilidad ni escribir una novela del personaje que mis experiencias de mirada acabarían por dibujar. Me contento con atrapar al vuelo y liberar enseguida mi presa (que no es tal) sin decidir la importancia que reviste el pájaro que pasaba en ese instante. Dejar ser la ocasión, escribir si se da la ocasión. Esbozar. No releer durante un largo tiempo. Un día, remontar todo eso como se remontan los rushes de mil y un filmes breves y ver cómo se dibujan los motivos inconscientemente formados de miradas en miradas, las inquietudes persistentes, las invitaciones a pensar.

Vislumbres, en femenino, necesariamente. No me gusta que lo vislumbrado lo sea en masculino, porque evoca entonces algo así como un resumen, una tabla de materias, un programa. Una “vislumbre” será más bella y más extraña. Me remite al femenino en tanto pasa y me abandona, en tanto la llamo y vuelve a mí. Apenas escritos estos verbos (pasar, abandonar, llamar, volver), surgen tres motivos. El primero: muerte de la madre, cuando el niño aún no ha comprendido la irreparable pérdida y siente la infinita duración del abandono (de ese tiempo pasado no me quedan sino algunas imágenes, viejas fotografías y este apellido Huberman que me prometí poner un día en una página impresa, como si la decisión de escribir hubiera sido tomada en el momento preciso de esa muerte). El segundo: espera del amor, cuando el muchacho escruta en una multitud la aparición del ser amado (razón, sin duda, por la que me conmueven los andenes de las estaciones o las zonas de espera de los aeropuertos, cuando miro a las personas concentradas en su espera, en sus reencuentros o en sus lágrimas de despedida).

Sin duda, Charles Baudelaire es el gran maestro de la vislumbre, porque es a la vez el poeta de la transeúnte que para siempre se ha perdido de vista y del deseo de pintarla para siempre:

La calle atronadora aullaba a mi alrededor.
Alta, esbelta, enlutada, con un dolor majestuoso,
Una mujer pasó, que con gesto fastuoso
Recogía, oscilantes, las vueltas de sus velos; [...]
Un relámpago… ¡y luego la noche! – Fugitiva belleza
Cuya mirada me hizo súbitamente renacer [...].

Necesito pintar a la que pocas veces vi
Y huyó tan velozmente, como algo hermoso y desafortunado
tras el viajero que la noche arrastra [y que] inspira 
el deseo de morir lentamente bajo su mirada. 

A esta ninfa en movimiento responde otro motivo, el del pensamiento que aflora al pie de su estela. Escribir algunas frases, algunos párrafos, algunas “vislumbres”, no sería otra cosa, entonces, que atesorar los rastros de acontecimientos minúsculos pero decisivos, es decir, abiertos a infinitos campos de posibilidades. Acontecimientos entre los que cada uno, por derecho propio, merecería mucho más, como si cada frase, cada párrafo, fuera la llave de una búsqueda siempre nueva del tiempo perdido". [...]







   



19.9.19

RESEÑAS DE LOS LIBROS "EL CINE DE FRANK TASHLIN. AMÉRICA SATIRIZADA", Pablo Pérez Rubio, Shangrila, 2109 y "CARLOS SERRANO DE OSMA. SOMBRAS ILUMINADAS", Asier Aranzubia (coord.), Shangrila, 2019, en el último número de la revista "Dirigido por..."









[Resulta curioso que en la primera reseña se indique que Shangrila está en Santander y en la segunda que está en Madrid. En otras reseñas pasadas se nos ha ubicado en Bilbao, Gijón, Barcelona... No lo decimos por Dirigido por..., ya que el error se produce de forma reiterada en otras publicaciones. Da la impresión que no se tiene mucha idea de dónde situarnos, algo por otra parte que no nos molesta, más bien todo lo contrario, nos divierte. Pero bueno: dejamos Santander hace año y medio y nunca hemos estado en Madrid. La página de créditos de los libros actuales nos delata, ya que delante del número del depósito legal hay una "V" de Valencia. Aunque en verdad es para despistar porque el lugar donde realmente nos encontramos es El Arrecife de Donovan.]



18.9.19

"LEYENDA DE PARADJANOV": NUEVA REIMPRESIÓN




Serguei Paradjanov


Entre todos los libros publicados por Shangrila hay algunos a los que les tenemos un especial aprecio. Leyenda de Paradjanov es uno de ellos. Por estar dedicado a quien está dedicado, porque amamos la figura y la obra de Paradjanov, no solo cinematográfica.

Cuando el coordinador del libro, Alberto Ruiz de Samaniego, nos propuso la publicación y comenzar el trabajo de coordinación, inmediatamente le dijimos que adelante. No es Paradjanov un cineasta muy conocido y, por lo tanto, que tenga muchos seguidores como para pensar que un libro sobre él pudiese tener una buena respuesta. La apuesta era arriesgada, pero el riesgo acompaña nuestra actividad un día sí y otro también y una posibilidad como esta no podía quedarse colgada.



Sayat Nova (Serguei Paradjanov, 1969)


Fuimos prudentes, mucho: hicimos una pequeña e inicial tirada en septiembre de 2017. De salida no tuvo una gran acogida de cara a la venta. Comprobamos más adelante que poco a poco revivía hasta agotar aquella primera y pequeña edición. Nos planteamos hacer una reimpresión (no edición, porque hay quien se apunta el tanto de considerar una reimpresión como segunda edición) todavía más pequeña para no pisarnos los dedos. Después de esta hemos tenido que hacer dos más. En la actualidad se han vendido prácticamente 800 ejemplares. Una cantidad modesta comparada con lo que por ahí debe venderse, pero para nosotros es un pequeño gran logro.

Nos sentimos especialmente orgullosos de que el libro llegue a las manos de 800 personas y que de alguna forma, quien no conociese a Paradjanov, contribuya a despertar interés en el cineasta georgiano. Hay que recordar que es el primer libro que se publica en España dedicado a Paradjanov.

En el blog de los chicos de Mogambo se encuentra su obra cinematográfica y puede acompañarse la lectura del libro con  su visionado:
https://mogambo1924.blogspot.com/search/label/Serguei%20Paradjanov

Pensamos que el boca a boca, como debe suceder en muchos de nuestros libros, ha funcionado. Nuestro trabajo, siempre sordo y fuera de cuadro, en algo también habrá influido. El libro tiene 350 páginas con casi 100 de ellas a color.



Serguei Paradjanov


Así las cosas, dos años después de la primera, vamos a hacer una quinta impresión, de nuevo pequeña en ejemplares. Bien vale el riesgo. En cada ocasión que hemos decidido realizar una reimpresión hemos pensado que era la última, incluso con la primera tirada. Veremos si ha alcanzado su techo o si este tiene todavía margen.

Gracias a Alberto Ruiz de Samaniego por confiar en Shangrila y por su gran generosidad. Gracias también, por supuesto, a todos aquellos que colaboran en el libro.

[Las reimpresiones son imprescindibles en nuestra actividad. Con tiradas iniciales pequeñas sin las reimpresiones sería complicado mantener Shangrila. Por lo tanto, forman parte de nuestro trabajo de manera regular. Hemos querido resaltar las realizadas con Leyenda de Paradjanov porque era un libro a priori de alto riesgo, como otros muchos que hemos publicado, pero sobre todo por tratarse de un cineasta al que por estos lares, como dijimos antes, le tenemos un especial y gran aprecio. La satisfacción de haber conseguido sacar adelante el libro nos ha llevado a compartirla con nuestros lectores. En definitiva es a ellos/vosotros a quien hay que agradecerlo.]