FELIX GUATTARI: IMAGEN, TECNOLOGÍA Y PENSAMIENTO
«Se
trata de aproximarse al pensamiento de Félix Guattari con un
propósito[…] de excederlo y transformarlo, a modo de un ejercicio de
comprensión…asimilándolo a mis intereses…..visitando de nuevo…»
Habitualmente la presencia del psicoanalista, pensador y activista francés, Félix Guattari (1930 -1992) queda
ceñida, injustamente, a su colaboración con Gilles Deleuze en obras
esenciales para el retrato del presente, y las líneas de fuga hacia el
fututo, El Anti Edipo y Mil Mesetas, recogidos ambos bajo el rótulo común de Capitalismo y esquizofrenia, y alguna otra obra como ¿Qué es filosofía?, sin obviar su trabajo sobre Kafka; su figura quedaba prácticamente desdibujada, sino desaparecida, por
el peso del filósofo. Hubo un Guattari antes de dicha colaboración y
también uno después, además de que su peso en la pareja fue realmente de
importancia, ya que las cuestiones psico-políticas entraron en el
quehacer común, y en el particular de Deleuze, suponiendo un giro en la
obra de este último; por cierto, para Slavoj Zizek la influencia de
Guattari sobre Deleuze supuso una pérdida para éste. ¡Vaya! Fue al poco
de la publicación de Diferencia y repetición y Lógica del sentido,
a finales de la década de los sesenta del siglo pasado, cuando ambos se
encontraron e iniciaron su andadura en común. En el libro de Josep M.
Català Domènech al que me refiero en este artículo, «La pasión de lo visible. Félix Guattari y el futuro del cine», editado por Shangrila, puede leerse: «Cuando Deleuze y Guattari empezaron a colaborar en la escritura del Anti Edipo,
a finales de los sesenta del pasado siglo, combinando la tradición más
académica no por ello menos radical de Deleuze con el pensamiento
psicosocial de Guattari, se estaba produciendo un nuevo cambio de época
que, lejos de contradecir la precedente, incidía en sus aspectos más
fundamentales, aunque los conducía por derroteros que habían sido
impensados e impensables. La combinación de estos dos tipos de
pensamiento, cada uno de ellos intensamente rupturista con sus
respectivas tradiciones, era un inicio de cambio, a la vez que ponía de
manifiesto la textura de la nueva ontología. Proponía también
herramientas para pensarla».
Con
anterioridad, Guattari había trabajado en una clínica psiquiátrica, sin
dejar de implicarse en diferentes luchas, y con posterioridad de tal
fructífera colaboración, éste continuó su andadura, implicándose entre
otras cosas en el campo cinematográfico: la elaboración de un guión para
un film de ciencia-ficción y hasta algún intento de entrar en los
círculos hollywoodienses, dejando salir lo que en él estaba oculto
debido a su entrega al psicoanálisis heterodoxo y al pensamiento…nada de
ello culminó con éxito; con este fracaso se abría, sin embargo, la
posibilidad de ahondar en las propuestas fílmicas de Deleuze. Si
Guattari ponía en acto, o trataba de hacerlo, una práctica
cinematográfica, Deleuze dedicaba varios libros a la teoría
cinematográfica, y si Deleuze convertía el cine en filosofía, las
posiciones de Guattari permiten incidir más directamente en la propia
poética del cine, sacar conclusiones sobre cómo el cine piensa…apuntando
al post-cine, nueva imagen del pensamiento plenamente contemporáneo,
afirma el ensayista. Así pues, entre ambos quehaceres se establecía una
colaboración, una más, esta vez virtual, si bien es de tener en cuenta
que en la relación creativa conjunta que mantuvieron, según Català
Domènech, quien fuese injustamente relegado fue quien aportó las ideas
más revolucionarias al trabajo à deux.
Desde el inicio del potente ensayo (la potencia en acto es marca de la casa como se puede ver en otras obras del autor del libro*)vamos
viendo entrelazadas las trayectorias de ambos pensadores, a la vez que
se van señalando las diferencias que se dan entre ambos al menos en el
ámbito del cine: así, se subraya cómo Deleuze no prestaba la debida
atención a la imagen, en sí, desatendiendo los aspectos relacionados con
las innovaciones tecnológicas, terreno en el que Guattari resulta más
adecuado debido a su atención a estos aspectos, amén de la mirada sobre
el sujeto, por medio del esquizoanálisis, aspecto que en la obra de
Deleuze se desterraba.
Como
quedaba insinuado líneas arriba, el quehacer conjunto no nacía de la
nada, sino que se daba una concatenación entre el pasado que se diluye
en el presente, mezclándose con él y transformándose en el proceso,
originando una temporalidad compleja al darse una confluencia de tiempos
diversos, mecanismo o dispositivo que el ensayista hace suyo,
subrayando cómo Guattari afirmaba que todos los sistemas de modelización
son válidos siempre que eviten tender a la universalización, elaborando
cartografías de territorios existentes, teniendo en cuenta que las
ideas aun siendo producto del pensamiento, también sirven para pensar…se
cumpliría aquella afirmación tautológica de Jean-François Lyotard de
que la tarea del pensar es pensar.
Son
señaladas, como queda dicho, ciertas diferencias entre ambos miembros
de la creativa pareja y así se hurga en algunas tesis de Deleuze sobre
que en nuestra ,mente siempre hemos hecho cine, sin saberlo, o sobre al
automatismo del pensamiento, cuestiones que muestran -según el autor- la
necesidad de acudir a las posturas de Guattari como antídoto de ciertas
tendencias idealistas de su amigo. Del mismo modo se presta atención a
la desatención de Deleuze, en su postura en lo que hace a la historia de
la filosofía, al imaginario en que se hallaban inmersos los filósofos
visitados (Hume, Kant, Spinoza, Leibiniz, Bergson…), de quienes
recomponía los conceptos, tratándolos así cono monadas, lo que podría
solucionarse al prestar atención al imaginario que vendría a suponer una
contextualización histórica más proba; además de que la inserción de
ideas en el imaginario sería como plantar semillas, que a través de sus
raíces…funcionado en rizoma daría lugar a nuevas ideas…lo imaginario, a
finales del XIX, comienza a penetrar en la realidad modificándola,
provocando una escisión en la mente entre la realidad objetiva y lo
imaginario.
Todo ello, y muchas cuestiones más, parecen hacer válida aquella llamada de Elliot a deleuzar a Guattari,
de cara a desvelar el peso y la importancia del pensamiento de este
último en los terrenos de la televisión, el cine, el arte, la
arquitectura…Si Foucault afirmaba que un día el siglo sería deleuziano,
el ensayista sostiene que nuestros siglo se decanta cada vez más hacia
Guattari, siendo cada vez más guattariano, al resultar su pensamiento
más radical e inasumible, de donde se propone que es de justicia poner
el foco,malgré Zizek, en lo no transitado por Deleuze.
Por
medio de un singular juego de la oca, rizomático él, se exploran las
relaciones entre la imagen, la tecnología y el pensamiento, abriendo las
puertas a una posibilidad de una teoría fílmica posdeleuziana, un cine
del futuro que ya se deja ver en el ecosistema del post-cine, compuesto
por la realidad virtual, los documentales interactivos, los metaversos y
otras tecnologías de la imaginación como la Inteligencia Artificial -de
la que parece que la pareja habría preparado el camino mas también
entregando los instrumentos para contrarrestarla- aplicada a la imagen,
dando lugar a una nueva imagen del pensamiento, que -según afirma el
autor- se alimenta más de las ideas de Guattari que de las de Deleuze.
Estamos
ante una obra que se abre en diferentes vías que conducen a distintas
informaciones y reflexiones sobre las visiones de Guattari y de Deleuze,
caminos abiertos por las ideas como dinamizadoras de nuevas ventanas
-cual líneas de fuga– que derivan por el archipiélago formado por
el pensamiento, al arte, el cine, con el recurso a diferentes artistas,
y sus obras, y teóricos de las disciplinas aludidas, y con el valor
añadido de que se abra por donde se abra el libro siempre saltan chispas
iluminadoras e inspiradoras…confirmando la propuestas del propio Josep
M. Català Domènech al señalar que el libro tiene tantos puntos de
acceso como quiera el lector, pudiendo empezar así por donde éste quiera
o incluso abrirlo al azar, creando el itinerario propio, adoptando
rumbos diversos…siempre sin ocultar que Guattari es la excusa para
reflexionar sobre imagen, pensamiento, la complejidad del imaginario… Y
así nos las veremos con la imagen-tiempo, imagen- movimiento, la imagen
cristal deleuzianas, con el cine cuántico, los diagramas del
pensamiento, con alegorías topológicas, con el rizoma, con todos los
rostros, viajando del cine-bacteria al cine metástasis o al cine
esquizoanalítico…de la mano de la siempre avezada guía de Josep M.
Català Domènech.