Botonera

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13.4.26

II. "LA RESPUESTA ES: ¡NO! UNA FILOSOFÍA DEL NO", Cartas reunidas, presentadas y anotadas por Jean-Luc Outers, Shangrila, 2026

 

UNA FILOSOFÍA DEL NO
Jean-Luc Outers




Salvo excepciones que pueden contarse con los dedos de una mano, ¿cuál es el sueño inconfesado de todo escritor que publica? No necesariamente en este orden: ser leído por el mayor número de lectores, acumular críticas elogiosas, ser entrevistado en las revistas, la radio o la televisión, recibir peticiones de todo género: sesiones fotográficas, coloquios, artículos, festivales literarios, traducciones, números  extraordinarios de revistas…, recibir algunos premios literarios, los más prestigiosos se entiende, ver sus textos adaptados al teatro o al cine, o incluso que se les ponga música y sean interpretados por orquestas, a ser posible sinfónicas, ser objeto de estudios eruditos o de tesis universitarias, ser mimado por su editor (reimpresiones, ediciones de bolsillo o en un estuche o —sueño de sueños, en el papel biblia de la Pléiade), recibir ofertas de otros editores, ser elegido por unanimidad a las academias, ver su nombre y su firma solicitados para firmar peticiones, de movimientos artísticos o de cualquier otro tipo, en resumen ver su obra lentamente reconocida y consagrada aquí, en todas partes y en todas las lenguas.

A todo esto, que ya no es literatura sino su institución o su decorado o el carnaval mediático que la agita, es a lo que se opuso Henri Michaux durante toda su vida. «Busco una secretaria que sepa de cuarenta a cincuenta maneras de contestar NO, en mi lugar». [...]

Todo empieza por el rostro, ese retrato grabado en frontispicio de Qui je fus, su primer texto publicado en La NRF. Michaux lo tacha con una cruz y un no furioso. Estamos en 1927. Michaux tiene veintiocho años. Sin embargo, se dejará fotografiar por algunos fotógrafos de renombre (Claude Cahun, Brassaï, Gisèle Freund, Karl Flinker, Henri Cartier-Bresson...). Pero no soportará reconocerse en esos clichés en blanco y negro, donde posa con un traje de punta en blanco, hasta el punto de prohibir formalmente su difusión. Ya en 1934, se burlaba junto a Paulhan de las peticiones de fotos: «Es increíble esta manía de las fotos. Precisamente he escrito para que se pueda prescindir de una foto mía. ¡Ya me he exhibido bastante! Pues bien, ¿qué más quieren? Precisamente voy a hacerme una radiografía de mis pulmones, pues ahí dentro las cosas no van bien. Se la enviaré, con una ampliación de mi ombligo». O a Bréchon en 1959: «No habrá foto mía, ni solo ni en grupo [...] Mis libros muestran una vida interior. Desde que existo estoy contra el aspecto exterior, contra esas fotos llamadas justamente películas, que toman la película de todo [...]». Esta prohibición formal dará lugar al psicodrama de la obra que se le dedicó en la «La Biblioteca ideal» donde el editor había previsto su retrato en la cubierta. En lugar de eso, Michaux propone una ampliación de su ojo, pero acaba por aceptar una foto de su sombra en frontispicio antes de protestar contra la reproducción de ese documento en un magazín. «No le gustaba su rostro, su silueta», dirá Micheline Phankim. Por no hablar de su calvicie. Aceptaba que le visitaran algunos fotógrafos pero con la condición de que dejasen su cámara en el vestíbulo. Más tarde consentirá que cuatro fotos suyas se publiquen en el número especial de los Cahiers de l’Herne: «Cincuenta juicios no me devolverían un rostro desconocido. Batalla perdida, que no fue ganada más que durante treinta años, risible actualmente, que tendría que extender a no sé cuántos países [...]». Observamos contradicciones en sus rechazos. Su intransigencia, en ocasiones brutal, puede suavizarse según las personas, las circunstancias, o el tiempo.

Tampoco era cuestión de registrar su voz. Le desagradaban las entrevistas. Incluso el más astuto de los periodistas no consiguió ponerle un micro delante. «No me exhibo en la televisión ni tampoco hablo por la radio. Muestro —en libros— algunos escritos y —en galerías— algunos dibujos. Esto ya es suficiente exhibición y me mantendré ahí». O: «Pero entrevistas, no he concedido ninguna en mi vida». Fue René Bertelé, su editor, el que se encargaba de despedir a los cazadores de entrevistas. Tenía en su repertorio epistolar algunas fórmulas de cortesía: «Lamentándolo mucho… se ha negado siempre a cualquier forma de entrevista… no va a hacer ninguna excepción… Ruega le excuse…». La noche de su muerte, el presentador de las noticias confesaba consternado que no disponía de ningún archivo sonoro del escritor. [...]



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8.4.26

NOVEDAD: I. "LA RESPUESTA ES: ¡NO!" UNA FILOSOFÍA DEL NO, Cartas reunidas, presentadas y anotadas por Jean-Luc Outers, Shangrila, 2026

 


176 páginas - 16x23 cm. - Valencia: Shangrila - ISBN: 979-13-990331-0-1


Henri Michaux le dijo no al cuerpo calcificado del pensamiento. Al “saber pensar” del metafísico y al “infinito” del teólogo. Defendió la mirada del niño y el ignorante, el alienado y el enfermo. Su vocación fue la aprehensión del aleteo del pensamiento en perpetuo estado de gestación, antes de su caída y su solidificación en verbo. Escribir y dibujar, para Michaux, eran sinónimos. Presintió formas provisorias e inestables, híbridas. Inventó una lengua-insecto, arcaica y corpuscular, hecha del polvo de un pensar pre-identitario. Su lengua vibraba fuera del control de la razón. Fue la hormiga y el camino de la hormiga, fácticos e impalpables a la vez. Considerando todo aquello a lo que dijo no, no sorprende que Michaux se negara sistemáticamente a lo que un escritor suele decirle sí: el carnaval mediático de la institución literaria, ese decorado hecho de entrevistas, y premios, designaciones honoríficas y agasajos varios. Este libro es un catálogo inflexible de esas negativas a la “consagración” social, hecho de la materia desconcertante de la escritura de Michaux. Porque lo que sí sorprende es que, incluso al decir no, Michaux siguiera haciendo literatura. A veces, como en este caso, decir no es una forma radical de estar en este mundo y, al mismo tiempo, una proeza literaria.

“Busco una secretaria que sepa de cuarenta a cincuenta maneras de contestar NO, en mí lugar”, Henri Michaux.

               

HENRI MICHAUX

(Namur, 1899 - París, 1984). Poeta y pintor, ya en su adolescencia se interesó por la  entomología y la escritura china. Abandonó sus estudios de medicina y se enroló como grumete en la marina mercante francesa. Hizo tantas expediciones geográficas como espirituales. Nunca fue turista sino viajero. Su diario de viaje “Un bárbaro en Asia” (1933) fue traducido al español por Jorge Luis Borges. Sus pinturas están pobladas de signos gráficos hipersensoriales. Experimentó, entre otras drogas, con la mescalina y el hachís. Al escribir, buscó el intersticio y la fuga. Se dedicó a desaprender. Rechazó el Grand Prix national des Lettres (1965). Entre sus libros se destacan La vida en los pliegues (1949), Frente a los cerrojos (1954) y Conocimiento por los abismos (1961).   



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7.4.26

HENRI MICHAUX: ¡NO!

 


En una carta de 21 de marzo de 1927, Gaston Gallimard había propuesto, en lugar de un dibujo enviado por Henri Michaux, que un retrato del autor figurase en frontispicio de
Qui je fus, primer libro de Michaux que iba a aparecer en la NRF, en la colección “Una obra, un retrato”. Ese retrato grabado en madera por Georges Aubert provocó la ira de Michaux que, en un ejemplar dedicado, lo tachó con una cruz y un “no” furioso encima de la firma. 

28.3.26

SHANGRILA CLUB (499): "Someday My Prince Will Come", Miles Davis


                 
             Que la noche sea leve.


27.3.26

ALEXANDER KLUGE (1932-2026). LA PRIMERA PUBLICACIÓN EN PAPEL DE SHANGRILA

 






La primera publicación en papel de Shangrila estuvo dedicada al recientemente fallecido Alexander Kluge, Revista Shangrila nº 12, 2010. A día de hoy, ahí seguimos. Shangrila: un espacio fuera de cuadro.


23.3.26

NOVEDAD: " AGÉLADAS DE ARGOS. (CONTRA TEBAS)", Pierre Michon, Valencia: Shangrila, 2026

 


128 páginas - 14x20 cm. - Valencia: Shangrila - ISBN: 979-13-990331-7-5


Pierre Michon se trepa a un trampolín y ejecuta un salto cuántico. El trampolín son “los bronces de Riace”, las dos esculturas griegas rescatadas en 1972 del fondo del mar frente a Calabria; el salto, el arco temporal tendido desde la antigüedad clásica hasta nuestros días. Michon trae del pasado mítico el taller de Agéladas de Argos, hipotético escultor de uno de esos bronces: Tideo, uno de los siete guerreros argivos en Los siete contra Tebas, la tragedia de Esquilo. Trae a Esquilo. Trae a los siete guerreros en combate, como antes supo traer a los once personajes de un cuadro imaginario. Trae un pájaro, una mujer libre muerta de amor y una esclava; el santuario de Apolo en Delfos; la vida minúscula de Pisandro de Laranda, poeta excluido de los diccionarios. Puesto a traer, se trae también a sí mismo y a su editor, en el museo donde hoy se alzan los bronces. 

Pierre Michon borda una sucesión de dioramas vivientes. Dirán que este libro es una pieza teatral en dos actos pero es todos los géneros posibles para un puñado de gestos y cosas que en este mundo han sido, sensoriales hasta el desvanecimiento, radicales en su materialidad de carne y piedra, transitorios como nubes. Anfiarao, el adivino, habla con el cerebro cortado en dos antes de ver, y mientras ve, la niebla del Hades; Tideo besa la boca de la cabeza decapitada de Melanipo y le arranca la lengua que luego intenta masticar, ya sin fuerzas. Están destinados a vivir, al extremo, y a morir, brutalmente. Y es como si lo hubieran hecho para que la mano de Michon, tersa, lírica y exacta, nos los devuelva, hermosos y atroces, desenterrados del lecho submarino. 

               

PIERRE MICHON

Cards, Châtelus-le-Marcheix, Creuse (1945). Considerado uno de los mejores escritores franceses contemporáneos, Pierre Michon publicó su primer libro, Vidas minúsculas (Vies minuscules, 1984), al borde los cuarenta años. En los cuarenta años posteriores, fundó una escritura personalísima y heterodoxa. Especializado en resucitar los fantasmas de ciertos personajes que han vivido, recordar pequeñas existencias olvidadas y diseñar vidas que no existieron jamás, Michon desdibuja el límite entre realidad y ficción, sin dejarse sujetar por ningún género. Su prosa es poética. La poesía es su marca de estilo. Fondo y forma son, como corresponde, indiscernibles: la suya es una superficie densa y breve, donde no se hace pie. 

Recibió el Prix Décembre (por Abades y Cuerpos del rey, ambos de 2002); el Grand Prix du roman de la Académie Française (en 2009, por Los once); y el Franz Kafka Prize, en 2019, por el conjunto de su obra. 

Agéladas en Argos, su primera obra teatral, es una nueva evidencia de sus dones: una capacidad de síntesis extraordinaria y la precisión quirúrgica de un escalpelo. 



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