Botonera

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14.10.19

VI. NOVEDAD: "MUÑECAS. EL TIEMPO DE LA BELLEZA Y EL TERROR", Mariel Manrique (coord.), Shangrila 2019





Si se abrasa, es que es auténtica
Sobre Rilke y las muñecas

Alberto Ruiz de Samaniego


Lotte Pritzel, 1914


No sabemos exactamente cuándo vio Rilke en Munich las muñecas de cera de Lotte Pritzel, pero sí que escribió el texto sobre ellas a principios de febrero de 1914, y que, en marzo de ese mismo año, lo publicó en Die Weißen Blätter de Leipzig, sin imágenes. Luego, hacia 1921, se hizo una publicación de lujo, ya con las fotos de las muñecas, unos juguetes muy estilizados y raros, un tanto decadentes. Tal era su fragilidad y extrañeza que, desde luego, se hacía evidente que no estaban pensados para los niños. 

De hecho, esta es la primera idea con la que se inicia el texto de Rilke. Un escrito que, nos parece, constituye una confesión poética de altísimo interés para entender el pensamiento del escritor desde la crisis ocurrida tras el Malte (que sucedió algo antes de 1914) hasta las Elegías y los Sonetos a Orfeo (publicados en 1922). Este comienzo dice así: “Para hacerse una idea del ámbito en el que se da la existencia de estas muñecas, podría pensarse, viéndolas, que no hubiese niño alguno frente a su existir. Tal habría sido, en cierto modo, la condición previa de su surgimiento: que el mundo de los niños hubiera desaparecido”. (1)

1. Hemos consultado dos versiones del texto: “Muñecas. Sobre las muñecas de cera de Lotte Pritzel”, trad. de Daniel Mesa Gancedo, revista Salina. Revista de lletres, nº 13, Universitat Rovira i Virgili, Tarragona, 1999, y la versión de Abel Vidal incluida en el volumen Sobre marionetas, juguetes y muñecas, editado por José J. de Olañeta Editor, Palma de Mallorca, 2014, donde se incluye el texto de Rilke junto con sendos ensayos de Heinrich von Kleist y Charles Baudelaire.  En nuestro escrito citaremos la versión de la revista Salina, que puede consultarse online (https://www.cervantesvirtual.com). 


He aquí, pues, la muñeca como blanco o ausencia, marca inquietante de la ruptura con la niñez y la tradición familiar, con los gestos y genes del clan. Su soberana independencia –y hasta su indiferencia– subraya, de hecho, ese alejamiento con relación a todo legado o sucesión parental. Mucho más tarde, el texto nos dirá que las muñecas son seres asexuados (“geschlechtlos”), esto es, que carecen de género y descendencia, como otros animales que, al cabo, constituirán su auténtica familia y sucesión: las polillas que salen de su alma [...] 










   



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