Botonera

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3.2.20

RESEÑA DE "SHOAH. EL CAMPO FUERA DE CAMPO", Alberto Sucasas, Shangrila, 2018




Reseña del libro Soah. El campo fuera de campo.
Cine y pensamiento en Claude Lanzmann,
Alberto Sucasas, Shangrila 2018, en Kaos en la red.
Por Iñaki Urdanibia

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Ante la magnitud del crimen, de la tragedia provocada por el nacionalsocialismo con su demencial y asesina puesta en marcha de lo que denominaban la solución final (Endlösung der Judenfrage), refiriéndose a acabar con los judíos (en especial, si bien la gama se ampliaba a otros indeseables), considerados parásitos y siempre dispuestos a urdir complots para destruir la patria de los arios, ha solido presentarse el problema de cómo expresar el horror y la producción sistemática de cadáveres, cual avanzada empresa industrial; así en el campo de la escritura no pocos, entre los supervivientes dispuestos a testimoniar, fueron quienes temieron que su verbo , literario, pudiese embellecer el terror vivido, tales dudas llevaron a la búsqueda del tono justo además de hacer que algunos dejaran pasar el tiempo antes de emprender su tarea. Sirvan estos ejemplos a modo de confirmación de la preocupación que señalo: «nos parecía imposible llenar la distancia que descubríamos entre el lenguaje del que disponíamos y esta experiencia que, para la mayor parte, estaba todavía presente en nuestro cuerpo. ¿Cómo resignarnos a no intentar explicar como habíamos venido de allá? Estábamos allá todavía. Y sin embargo era imposible. Apenas comenzábamos a contar, que nos quedábamos sin respiración. A nosotros mismos, lo que íbamos a decir, comenzaba en el mismo momento a parecernos inimaginable» (las cursivas son de Robert Antelme), en la misma onda decía, otro que sufrió los campos del gulag, Varlam Shalámov: «No son tampoco relatos, o mejor, trato de escribir no un relato, sino algo que no sea literatura. No una prosa documental, sino una prosa nacida de un sufrimiento, como un documento», o el mismo Primo Levi: «…cuando lo he escrito[ se refiere a Si esto es un hombre], hace casi ya cuarenta años, no tenía más que una idea en la cabeza, muy precisa, y no era desde luego hacer una obra literaria sino aportar mi testimonio», y podríamos seguir con el repaso. Pues bien, si en el terreno de la literatura se daba tal problema a la hora de expresar la verdad de los hechos y hallar el tono adecuado, desde las primeras imágenes, tomadas en la primavera de 1945, que mostraban esqueletos vivientes, deshechos humanos, cadáveres amontonados, los intentos por reflejar lo sucedido no cesaron en los años que siguieron al final de los campos nacionalsocialistas, en las décadas siguientes continuó el empeño por dar salida a expresiones directas, así en el décimo aniversario, en 1955, vio la luz Nuit et Brouillard de Alain Resnais, basándose en un texto de Jean Cayrol, y en los sesenta y setenta siguieron filmes de Jean Nemec, Zbynek Brynych, Konrad Wolf, Franz Beyer, Louis Malle, …y bastante otras películas que hicieron que el tema de los campos fuesen introduciéndose en el imaginario colectivo. Un papel esencial jugó la serie televisiva americana Holocaust (1978) con sus tics hollywoodienses , que dio una visión lacrimógena, consolidando dicho inexacto término para designar los hechos [ dicho sea al pasar: no le falta razón a Annette Wieviorka cuando en Auschwitz explicado a mi hija ( Plaza & Janés, 2001) dice «En Estados Unidos sólo utilizan la palabra “holocausto”. A mí no me gusta. Significa “sacrificio por el fuego” y puede dar pie a creer que los judíos se sacrificaron, o fueron sacrificados, a Dios»] En 1985, no obstante, se dio un vuelco en el terreno de la expresión cinematográfica con la obra de Claude Lanzmann con su testimonio filmado: Shoah. La cinta, nueve horas y cuarto de testimonios, fue un verdadero acontecimiento no solo cinematográfico sino también histórico y hasta lingüístico (diez años después del estreno del reportaje, el término Shoah fue admitido en la lengua francesa como modo de expresar la catástrofe). La tarea emprendida y filmada por Lanzmann consistió en entrevistar a supervivientes de la catástrofe: víctimas, verdugos y testigos. La palabra de los que habían sobrevivido tomaba el centro de la representación evitando los intentos de reproducir , por medio de montajes, el escenario del horror. A cámara abierta u oculta , el escritor, periodista, documentalista e intelectual francés da la palabra a los protagonistas –deportados de diferentes campos, miembros de los sonderkommandos, algunos antiguos SS, algún destacado negacionista, etc. con el fondo de algunos lugares significativos.

Ahora la valenciana Shangrila, publica un libro de Alberto Sucasas que resulta francamente esclarecedor e importante: «Shoah. El campo fuera del campo. Cine y pensamiento en Claude Lanzmann». El título resulta significativo en lo que hace a la innovadora empresa lanzmanniana, al dar presencia a la palabra frente a la irrepresentable imagen, situando los testimonios como modo de expresar lo sucedido fuera del campo, mas hablando de él por quienes de un modo u otro lo han vivido / padecido. Cruce de palabras que dan una visión poliédrica de los hechos y las interpretaciones de diferentes discursos. Indudablemente el modo de expresión adoptado conduce de manera ineludible a la reflexión y a la conmoción de quienes se enfrenten a las palabras, los gestos de los filmados.

En la obra, estudio serio y pormenorizado donde los haya, que despliega en amplio abanico se plantean los problemas de la expresión, de la imposibilidad ética, estética y de hecho, de reproducir en imágenes la realidad de lo sucedido, y en ese sentido nos vemos llevados a unas sabrosas derivas acerca del poder o incapacidades de la imagen, y el empleo realizado de la cámara por parte del realizador, nos enfrenta con el vacío de la puesta en escena, más allá de cualquier truculencia, en la desnudez de los testimonios que nos conducen al corazón de las relaciones de la palabra, la imagen y la verdad, y el consiguiente mecanismo estético que sirve para expresar el tema abordado.

Hasta los más mínimos (?) detalles son abordados en este ensayo en lo que hace a la elección calculada del título , frente a otras opciones del nombrar, por parte del cineasta ; la actualización del desastre pasado por medio de las palabras de los rostros parlantes y los cuerpos silentes, que hacen que pervivan los efectos de la tragedia al ser revividos por los testigos dando cabida a la rememoración a la anamnesis que hace que aquello planee más allá del tiempo de los hechos, y que los relatos penetren en los receptores que somos nosotros que nos sentimos conmovidos, al igual que el autor y su hijo Ángel, ante las escenas; acompañados del desasosiego de sentirse identificado con algunos de los rostros del horror, con cierto temor a convertirnos en cómplices o mostrar, vellis nolis, cierto carácter concesivo con algunas de las abominables declaraciones.

La obra nos hace visitar las elecciones tomadas por Lanzmann con el fin de evitar la presentación del asunto como si fuese algo normal, carente de la enorme gravedad que tuvo, huyendo del peligro de caer en alguna forma de escabroso morbo, opciones siempre abordadas en un entrelazamiento de la estética con la correspondiente ética, en una travesía de compromiso moral que entrega las palabras crudas y duras, sacadas algunas veces con el recurso al doloroso método socrático, más allá de cualquier forma de sublimación o embellecimiento…dando voz a la verdad, a las verdades, vividas y proclamadas por la senda del deber de memoria, como uno de los dispositivos más potente de cara a la no-repetición.

Una travesía, con las vías abiertas al horizonte de la sucursal del infierno, necesarias en la empresa cinematográfica y a la del seguimiento de Sucasas, que al tiempo que avanza en los análisis entrevera las imágenes y las voces y los diversos modos de interpretación ( los recursos a Gilles Deleuze, Jacques Derrida o Jean-François Lyotard son de un tino sobresaliente en lo referente a las imágenes-tiempo/ imagen-movimiento, al vivir-revivir, o al discurso/figura), cinematográficos, estéticos y filosóficos…que nos sitúan en una arqueología de los acontecimientos, de sus enfoques, y en una certera topología de los escenarios de la crueldad.

Entre el silencio y el grito, entre el lugar y el afuera, entre la presencia y la ausencia, entre el ver y el conocer… un recorrido tras la senda abierta por Claude Lanzmann que empuja a la reflexión y al modo otro de la expresión… hasta el deslumbre.

Concluiré señalando que la edición tiene numerosas fotografías del film estudiado, reproducidas con esmero, y una bibliografía final realmente destacable, sin obviar que el libro va mucho más allá que el análisis de la película, y de temas con el séptimo arte relacionados, para extenderse en la problemáticas de los campos.


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