Botonera

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28.4.20

VII. "CLARICE LISPECTOR. ALGUIEN DIRÁ MI NOMBRE", Isabel Mercadé (coord.), Shangrila 2020



Clarice y la cábala
Antonio Maura






[...] Clarice fue una hacedora de silencios. Su obra explora los diferente silencios: el silencio sobre sus orígenes, sobre los libros que leía, sobre el propio silencio que habitaba en medio de los seres, el silencio que es como un océano, el silencio que responde a las preguntas más hondas, el silencio-Dios. O como escribió en Um sopro de vida: “Séi criar silêncio”.


Clarice no lo dijo nunca, otra forma de silencio, pero indagó en las raíces profundas de la tradición judía a la que pertenecía su familia. Tal vez no de una forma sistemática, pero se sumergió en su interioridad a la búsqueda de ese dios que habita en cada uno de los miembros de la especie humana, que late en los seres vivos y se manifiesta en los hechos cotidianos, tal como enseña la escuela hassídica.

Aunque esto no se manifieste de forma clara en sus primeros libros, aparecen en ellos intuiciones de carácter mistérico. Sin embargo, esta realidad se hace cada vez más evidente a partir de su libro A maçã no escuro. Y ya de forma evidente en A paixão segundo G.H., Agua Viva, A hora da estrela, así como en su libro póstumo Um sopro de vida.

En A maçã se encuentra el único protagonista masculino de la obra clariceana: Martim. ¿Quién es Martín? ¿Parecería extraño si dijera que sospecho que se trata del Adam Kadmón, el hombre primigenio para la cábala? ¿Por qué hago tal afirmación? Recordemos las frases iniciales de la novela:

"Esta história começa numa noite de março tão escura quanto é a noite enquanto se dorme. O modo como, tranqüilo, o tempo decorria era a lua altíssima passando pelo céu. Até que mais profundamente tarde também a lua desapareceu.
Nada agora diferenciava o sono de Martim do lento jardim sem lua: quando um homem dormia tão no fundo, passava a não ser mais do aquela árvore de pé ou o pulo do sapo no escuro".

¿No es esta la imagen previa la creación? Un mundo en donde todo está unificado, porque cuando un hombre duerme, "tão no fundo", se confunde con un árbol en la vaga luz lunar o con el salto silencioso de una rana en la sombra. Existe una total oscuridad. La imagen es de alta confusión, de ignorancia de sí, de totalidad en suma, porque la conciencia del protagonista es, a la vez, salto de rana y árbol sin dejar de ser él mismo.

Se puede comparar con el primer párrafo del Génesis:

“En un principio la tierra y el mar estaban confusos, y el espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas”.

Que con variantes podría asemejarse al de la creación descrita en El Zohar:

"En la iniciación, la decisión del Rey hizo un trazo en el fulgor superior, una lámpara de centelleo, y allí surgió en los nichos impenetrables del misterioso ilimitado un núcleo informe incluido en un anillo, ni blanco, ni negro, ni rojo, ni verde, ni de color alguno. Cuando tomó las medidas, modeló colores para mostrar adentro, y dentro de la lámpara surgió cierto efluvio, que abajo llevaba impresos colores. El Poder más misterioso envuelto en lo ilimitado, sin hendir su vacío, permaneció totalmente incognoscible hasta que de la fuerza de los golpes brilló un punto supremo y misterioso. Más allá de ese punto nada es cognoscible, y por eso se llama Reschit (comienzo), la expresión creadora que es el punto de partida de todo".

Las peripecias de Martim no son las de un hombre, sino las de un fantasma, o bien, las de un símbolo que se mueve entre los otros personajes iluminando sus vidas o generando una extraña transformación. Puede ser un ángel o un demonio, pues no parece tener carne humana. Además es portador de una culpa cuyo origen no termina de conocer con certeza. Cree recordar que ha matado a su mujer, pero no sabe cómo ni cuándo. Y al final de la novela toma una manzana:

"Em nome de Deus, espero que vocês saibam o que estão fazendo. Porque eu, meu filho, eu só tenho fome. E esse modo instável de pegar no escuro uma maçã sem que ela caia".

Aunque en la novela no haya un desarrollo semejante al del libro del Génesis, desde la creación hasta el pecado original, podemos distinguir, como en un espejo velado, la transición que va desde las primeras palabras de la creación al origen de la caída, cuando Adán, según dice la Biblia, prueba del fruto del Árbol de la Sabiduría, del Bien y del Mal, cuando pierde la inocencia y se vuelve humano, es decir se transforma en un ser triste y solitario, pues ha sido expulsado del paraíso. Como se sabe, la manzana no es mencionada en el Génesis, pero la tradición cristiana, desde el siglo IV, considera, por un error de traducción, que el fruto bíblico es una manzana. No podemos olvidar que Clarice Lispector se sirve en su obra de ambas tradiciones: la cristiana y la judía.

A Paixão segundo GH supone también la suma del cristianismo y del judaísmo en una especie de cosmovisión bíblica. Su título, evidentemente, hace alusión a la Pasión de Cristo como también que la obra conste de 33 capítulos, cada uno de ellos iniciándose con la misma frase con la que concluye el anterior. El que GH coma de la entraña de la cucaracha —blanda, blanca y sin sabor— alude, sin duda, a la comunión cristiana. Por otra parte, la cucaracha es un animal inmundo para los judíos, lo que también supone una afrenta a la religión del Talmud.

GH, que con toda probabilidad encubra las palabras Género Humano, atraviesa siete espacios, desde el salón-comedor en el que está desayunando hasta el ámbito que configura el sabor del saber que supone la entraña de la cucaracha. Siete son también las Moradas a las que se refiere Teresa de Jesús como camino necesario para llegar a la plena comunicación con Dios. Gershom Scholem afirma que "el misticismo judío más antiguo es el misticismo del trono" y considera que "los notables documentos de este movimiento parecen haber sido redactados en los siglos V y VI", aunque reconoce que "es difícil determinar las fechas exactas en las que fueron redactados los diferentes escritos, pero todo apunta al periodo anterior a la expansión del islam". En cuanto al contenido de estos tratados afirma que la mayoría "recibe el nombre de «Libros de las hejalot»; es decir, descripciones de las moradas o palacios celestiales (hejalot), que recorre el visionario en su ascensión al ámbito celestial. En el séptimo y último palacio se halla el trono de la gloria divina".

GH inicia su peregrinación un día de domingo, día del Señor para los cristianos, al igual que Martim en A Maçã no Escuro. Inicialmente se encuentra en una sala, sentada a la mesa de café, donde acaba de desayunar y, tal como confiesa al imaginario interlocutor al que da la mano, "da mesa onde me atardava porque tinha tempo, eu olhava em torno enquanto os dedos arredondavam o miolo de pão. O mundo era um lugar." Y explica: "O apartamento me reflete. É no último andar, o que é considerado uma elegância. (…) É um verdadeiro prazer: de lá domina-se uma cidade." Es, pues, una profesional liberal, una escultora que ha ascendido a lo alto de la pirámide social. GH se define por su entorno, por su forma de vestir. Todavía no ha mostrado su verdadera piel, su carne y sangre de ser humano. Aún no ha salido de ella misma hacia esa forma de desorganización que le hará contar esta experiencia, y es que aún no ha entrado en sí [...]










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