Botonera

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4.5.20

ALEXANDER KLUGE: "ESTAMOS VIVIENDO LA HORA CERO, COMO EN 1945" (ENTREVISTA)



Alexander Kluge



[...] Con solo trece y ocho años –ya en los estertores de la Segunda Guerra Mundial en 1945– los hermanos Kluge sobrevivieron al bombardeo aliado que dejó ardiendo Halberstadt, su ciudad natal. Siguió la división de Alemania y el divorcio de los padres: Alexander fue transferido a su madre a Berlín Occidental (de donde venía), mientras su hermana permaneció en Halberstadt al cuidado del padre, médico, en zona soviética. “Cuando mi hermana volvió a la escuela después de la guerra, ¡tenía clases de ruso!”, cuenta Kluge, para explicar el amor que más tarde sentiría Alexandra por “esa semilla rusa, que no era la de Stalin, sino la de Tolstoi, Pushkin, Dostoievski, Maiakovski”. “No sé lo suficiente sobre Rusia –advierte, cuesta creerle–, pero una cosa puedo decir: es un país repleto de singularidades. Y lo singular es lo que el filósofo Hegel consideraba verdaderamente poético, no las frases grandilocuentes, las generalidades, los dictámenes. Singular es la Antígona de Sófocles, que da sepultura a su hermano desobedeciendo la ley. Este libro [Russland-Kontainer, el libro que se publica este mes en alemán] habla de todas esas singularidades sin el imperioso deseo de sintetizarlas. El escritor se baja del pedestal, por eso el libro no lleva el nombre pomposo de ‘arca rusa’ o algo por estilo, sino uno más modesto, carretilla, o contenedor, porque lo que hago es recolectar, como los hermanos Grimm.” El volumen, decididamente poético, reúne relatos entre el documental y la ficción, la utopía histórica y la cruda realidad de anhelos mesiánicos [...]

ALEXANDRE KLUGE: Los virus son nuestros vecinos en la evolución, y son más viejos que nosotros, tienen 3,5 miles de millones de años. Hay quienes dicen que nuestros antecesores salieron alguna vez de esas simples secuencias de ácido ribonucleico. En nuestro genoma, más de la mitad son virus patriotas que pelean oníricamente en nuestras células contra enfermedades ahora extintas y peligros de hace 45 millones de años, combaten a otros virus arcaicos, constituyen la base de nuestra inmunidad. El antídoto podría estar en nosotros y a la vez son como extraterrestres de nuestro mismo planeta. Es muy extraño [...]

Lo que podemos hacer es poner a prueba la realidad, cuestionarla. Cuestionar si las islas de Robinson en las que vivimos, esas campanas de buceo en las que nos encerramos con nuestras ilusiones de seguridad, tienen algo que ver con la realidad. Es una dura crítica a la realidad la que emana de esta forma de inteligencia extraña. Existen tipos muy distintos de catástrofes y distintos tipos de respuestas. En algunos casos, la cuarentena es la respuesta; en otros, como un terremoto en Fukushima con catástrofe nuclear incluida, toca huir, como en Constantinopla, donde la cuarentena sería un error. El enfrentamiento de hace unos meses entre Rusia y Turquía en la región siria de Idlib me aterra más que el virus, ¡y pertenezco al grupo de riesgo! Sentir que jamás tenemos nada asegurado está mucho más cerca de la realidad que el fatal sentimiento de seguridad que tenemos mirando televisión un sábado a la tarde [...]

Podemos cuestionar nuestras costumbres, qué tipo de películas queremos ver realmente o si deseamos volver a ir al cine después de esto. Estamos descubriendo formas de cercanía más reales que muchas tantas ilusiones de cercanía. Estamos siendo reseteados, y eso tiene un carácter desafiante. Esta situación tiene para mí algo de ‘hora cero’, como en Alemania en 1945 [...]

Con Schirach [Ferdinand von Schirach] nos une que los dos somos escritores y a los dos nos gusta ser juristas. Durante el movimiento estudiantil hubo leyes de emergencia y hubo manifestaciones en repudio de las leyes de emergencia; ahora, en cambio, las leyes de emergencia se ejecutan en medio de una conformidad total, es la “hora del Ejecutivo”. Y hay poderes ejecutivos en los que se puede confiar y ejecutivos en los que no, como en Hungría. Esto nos obliga a entrenar nuestra capacidad de discernimiento. El libro trata de esas preguntas jurídicas que son las preguntas por la confianza en nuestros gobernantes, en el soberano que dice protego ergo sum: protejo, luego existo. Quien lo dice puede existir como tirano o como alguien en quien confío. Puede actuar como elefante en un bazar al modo Trump –la metáfora es de Max Weber–; o como equilibrista, digamos, como la canciller alemana, que en este momento –en mi opinión– logra encontrar bastante la justa medida. El caso es que Schirach me llamó cuando empezó la cuarentena y me dijo que no podía dejar de pensar en el gran terremoto de Lisboa de 1755, que sacudió al mundo ilustrado en el siglo XVIII. En ese entonces, Voltaire dijo que había que declararle la guerra a la naturaleza. A partir de ese ejemplo, Schirach y yo observamos la actualidad y coincidimos en que una expresión bélica, como la que usa el actual presidente francés, no es adecuada. Pero Voltaire tampoco estaba queriendo decir que había que combatir un terremoto con artillería. Y, con todo, el absolutista marqués de Pombal, que era primer ministro portugués en ese momento, lo primero que hizo fue impulsar la investigación, poner a trabajar a los soldados y reconstruir completamente Lisboa, a prueba de terremotos futuros [...]






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