Botonera

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18.5.20

V. "JOSEF VON STERNBERG. ESTILIZACIÓN Y DESEO", Rubén Higueras Flores (coord.), Valencia: Shangrila, 2020




Semántica bipolar:
La última orden (1928)

Imazol Zumalde



La última orden



Génesis y fábula

El éxito comercial y crítico de La ley del hampa (1927) supuso un punto de inflexión en la trayectoria de Josef von Sternberg. No solo afianzó su situación en la Paramount Pictures, donde encadenaría una docena de largometraje formando con Ernst Lubitsch y Cecil B. de Mille la terna de directores de referencia de la casa durante el primer lustro de los años treinta, sino que le granjeó mayor capacidad de decisión en proyectos de exponencial envergadura, mimbres en suma con los que dio cauce a sus no muy modestas ambiciones artísticas. La última orden, su siguiente película llamada a exhibir sus aspiraciones y destrezas creativas, germinó sin embargo ajeno a la voluntad de Von Sternberg.

La historia brotó del singular microcosmos de la comunidad de emigrados centroeuropeos de Hollywood del que formaban parte Lubitsch y Emil Jannings, viejos conocidos de su fructífera colaboración en la UFA (el actor protagonizó los más grandes filmes alemanes de Lubitsch, desde Los ojos de la momiaDie Augen der Mumie Ma, 1919–­ a La mujer del FaraónDas Weib des Pharao, 1922–, pasando por Madame DuBarry, 1919 y Ana BolenaAnna Boleyn, 1920–) y rutilantes luminarias de la Paramount. La leyenda reza que el realizador berlinés puso al actor en antecedentes sobre la rocambolesca peripecia del general ruso expatriado del imperio zarista que acababa de intervenir como extra en su reciente película El príncipe estudiante (The Student Prince in Old Heidelberg, 1927). El exmilitar afirmaba haber pertenecido a la guardia privada del Zar, del que se decía primo carnal, y haber defendido Moscú de los bolcheviques, de suerte que con el triunfo de la revolución fue detenido y condenado a muerte, a la que sorteó varias veces hasta que pudo huir del país para recalar, previa estancia en Francia, en los EE.UU. con solo 50 $ en el bolsillo. Allí, al cabo de un rosario de ocupaciones diversas, comenzó a trabajar en la Meca del cine primero como asesor en temas rusos, y después como figurante en fugaces apariciones en pantalla en las que hizo gala de su porte imperial y genuinos modales Ancien Régime. Seducido por semejante anecdotario, el famoso actor se valió de su influencia en la Paramount para poner en marcha la redacción de una historia que fue encomendada a Lajos Bíró, dramaturgo y guionista húngaro establecido en Hollywood que intervino en su anterior película (El destino de la carne/The Way of All Flesh, Victor Fleming, 1927), quien redactó un primer tratamiento a la medida del sentido del drama y las afectadas dotes interpretativas de Jannings. La Paramount volvió a pensar en Fleming como director, pero el veto de la estrella insatisfecho tras la reciente experiencia, incluyó a Von Sternberg, otro oriundo de Mitteleuropa aterrizado en la meca del cine con armas y bagajes, en la sofisticada ecuación de lo que sería La última orden. (1) [...] 

1. El realizador aportó en sus memorias una versión distinta a la que analistas e historiadores conceden poco crédito: “El guion lo escribí basándome en una buena idea de Ernst Lubitsch, que no la encontraba lo suficientemente buena para convertirla en película. Digo que fui el autor [del guion] de esta película porque llevaba el nombre del húngaro Lajos Biro. Los directores de la compañía me habían pedido que pusiera su nombre, pues ese Sr. Biro llevaba años figurando en nómina y lo tenían que justificar de algún modo. Caí en este error varias veces, mientras los supuestos autores siempre se mantuvieron callados” (STERNBERG, Josef von, Diversión en una lavandería china, Madrid: Ediciones JC Clementine, 2002, pp.105-106).



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