Botonera

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6.6.20

V. "LA MUERTE DE FRANCO EN LA PANTALLA", Nancy Berthier, Valencia: Shangrila 2020




Capítulo I
La última imagen


Fig.1. Última aparición pública de Franco: las flaquezas del "cuerpo natural"



“En el curso de un proceso gripal, Su Excelencia el jefe del Estado ha sufrido una crisis de insuficiencia coronaria aguda, que está evolucionando favorablemente, habiendo comenzado ya su rehabilitación y parte de sus actividades habituales”: tal fue la eufemística nota emitida por la Casa Civil el 21 de octubre de 1975 con respecto a la salud del jefe del Estado que acababa de sufrir un infarto de miocardio, un mensaje destinado a tranquilizar a los españoles, y sobre todo, a apagar los más extravagantes rumores que corrían no solo en el país sino también en el extranjero donde se llegó a anunciar erróneamente su fallecimiento. Después de una larga agonía, marcada por 56 partes médicos y 115 comunicados, el 20 de noviembre, Francisco Franco moría en una cama del Hospital universitario de la Paz (coloquialmente conocido como hospital de la Paz) donde había sido trasladado a inicios de ese mes. Esta avalancha de mensajes oficiales cuya prosa técnico-médica se debía descifrar para deducir entre líneas la verdadera naturaleza del estado del dictador, compensaba en realidad una gran incertidumbre informativa. Durante el periodo irónicamente bautizado por Manuel Vázquez Montalbán como “ceremonia de la supervivencia”, aquel lenguaje que “trataba de pasteurizar el idioma de la muerte” (12) presentaba una realidad sobre todo invisible. En efecto, desde el uno de octubre de 1975, la imagen del Caudillo había desaparecido del horizonte mediático en el cual había sido omnipresente durante los cuarenta años anteriores, creando una repentina sensación de vacío que las palabras no conseguían colmar. Durante esas semanas, los españoles vivieron un extraño periodo de espera, sumidos en un océano de dudas, en el que el tiempo parecía dilatarse mientras que se iba acercando cada vez más el final, la única –aunque borrosa– certidumbre, feliz para unos e infeliz para otros.

12. VAZQUEZ MONTALBAN, Manuel, Crónica sentimental de la Transición, Barcelona: Random House Mondadori, 2005 [1985], p.89.

De hecho, desde el periodo de la Guerra Civil se había puesto en marcha un tratamiento propagandístico que ubicó la figura de Franco en el centro de un dispositivo ideológico que lo imponía como razón de ser del régimen (el franquismo) a lo largo de los casi cuarenta años que duró. Como subrayó Vicente Sánchez-Biosca en 2003, “[l]a imagen de Franco ocupó durante un tiempo dilatado […] espacios públicos y privados de la vida española”, imponiéndose de manera “casi ubicua en zonas amplísimas del intercambio humano y social de los españoles, produciendo consecuencias en la vida cotidiana que todavía no han sido suficientemente evaluadas”. (13) Estaba presente su efigie en espacios públicos y privados, recogida en unos soportes muy variados, imágenes fijas (fotografías, carteles, pinturas, sellos, esculturas, monedas, aulas de las escuelas, etc.) o en movimiento con el NO-DO y posteriormente también en televisión. (14)

13. SÁNCHEZ-BIOSCA, Vicente, “Calidoscopio cotidiano. Franco en los espacios públicos y privados de los españoles”, Archivos de la Filmoteca, n° 42-43, octubre 2002-febrero 2003, vol. II, p.8.
14. En el monográfico “Materiales para una iconografía de Franco” de Archivos de la Filmoteca, n° 42-43, octubre 2002-febrero 2003, se encuentran estudios que enfocan estos aspectos variados del culto al Caudillo. Sobre la presencia del Caudillo en la televisión, en “Francisco Franco y la televisión”, PALACIO Manuel precisa que “no se prodigó por las antenas televisivas, lo que no obsta, evidentemente, para que fueran frecuentes sus apariciones institucionales”, p.91.

Si bien esta imagen ostentó varias dimensiones, tanto sincrónica como diacrónicamente, y tendió a un principio de humanización cada vez mayor “entre el ocio y la intimidad” (15) según iba envejeciendo el Caudillo, no obstante, al ser severamente controlada, obedecía a una obstinada ocultación de lo que Kantorowicz llama el “cuerpo natural”. Según su teoría de los dos cuerpos del rey, que podemos aplicar en sus líneas maestras a la figura de Franco, por el carácter absoluto y vitalicio de su régimen, el soberano obedece a una lógica dual, dotado por una parte de un “cuerpo natural”, “mortal, sujeto a todas las enfermedades que acaecen por naturaleza o accidente, a la debilidad de la infancia o de la vejez y a las deficiencias”, y por otra parte de un “cuerpo político”, fundamentado en un principio de desmaterialización, “desprovisto de infancia, de vejez y demás debilidades o defectos naturales a los cuales se expone el cuerpo natural”. (16) La manera en que, en las representaciones de Franco, se ponía de relieve el “cuerpo político” (la función) contra el “cuerpo natural” (el individuo) descansaba en un control de las imágenes destinado a escenificarlo como lugar del poder y esto, incluso cuando se le fotografió o filmó con un afán humanizador que no conseguía escapar de cierta solemne rigidez. (17)

15. Ver a este respecto “Inhumano, demasiado humano: la oscura historia de la cara amable de Franco”, Archivos de la Filmoteca, n° 42-43, octubre 2002-febrero 2003.
16. KANTOROWICZ, Ernst, Les Deux Corps du roi, París: Gallimard, 1989, pp.21-22. “le Roi a en lui deux Corps, c’est-à-dire un Corps naturel et un Corps politique. Son Corps naturel, considéré en lui-même, est un Corps mortel, sujet à toutes infirmités qui surviennent par Nature ou Accident, à la faiblesse de l’enfance ou de la vieillesse, et aux déficiences […] Mais son Corps politique est un Corps qui ne peut être vu ni touché, consistant en une société politique et un gouvernement, et constitué pour la direction du peuple et la gestion du Bien public, et ce Corps est entièrement dépourvu d’Enfance, de Vieillesse, et des autres faiblesses et défauts naturels auxquels est exposé le Corps naturel, et pour cette raison, ce que fait le Roi en son Corps politique ne peut être invalidé ou annulé par une quelconque incapacité de son Corps naturel”.
17. Ver por ejemplo a este respecto el capítulo “Humain..., trop humain” sobre la película Franco ese hombre en BERTHIER, Nancy, Le franquisme et son image. Cinéma et propagande, Toulouse: PUM, 1999, pp.128-133.

A pesar del creciente debilitamiento del “cuerpo natural” del Caudillo, debido a la vejez y a la enfermedad, con un Parkinson detectado en 1964 cada vez más visible, las cámaras fotográficas o de televisión se empeñaban en despojar las imágenes fotomecánicas de todo lo que pudiera distraer la atención del “cuerpo político” con el propósito de “eludir la representación de un Franco a todas luces decadente, si no directamente patético”, por ejemplo mediante “la omisión de planos cortos y la sustitución de estos por oportunas detenciones en los bellos parajes naturales por los que el homenajeado transita”. (18) Y esto incluso cuando muy al final de su vida, el ejercicio técnico era sumamente complicado por una creciente senilidad muy difícil de ocultar, como fue el caso en su última aparición pública en la plaza de Oriente el uno de octubre de 1975. En las imágenes oficiales de su discurso, se adivina perfectamente cómo los operadores de televisión española y de NO-DO se las tuvieron que ingeniar desesperadamente para que el espectáculo de su decadencia no saltara demasiado a la vista con un montaje fundamentado en el arte de la elipsis. Un poco más tarde, se decidió no difundir públicamente las imágenes que se hicieron de él en un acto con motivo de su onomástica, celebrada el 4 de octubre de 1975, porque eran ya imposible de ocultar las flaquezas del “cuerpo natural”. A partir de ahí no se vieron más imágenes de Franco vivo y el arte de la elipsis duraría hasta el momento de los funerales. [Fig.1]

18. SÁNCHEZ-BIOSCA,Vicente, “¡Qué descansada vida!”, Archivos de la Filmoteca, n° 42-43, octubre 2002-febrero 2003, vol. I, p.156.

Si en los primeros días después de su infarto, contra la voluntad de los médicos, Francisco Franco pudo empeñarse en seguir con sus actividades habituales, en particular asistiendo al consejo de ministros del 17 de octubre de 1975, en cambio, a partir de la grave hemorragia gástrica de la que fue víctima, el 3 de noviembre, se sometió a lo que hoy en día se condenaría como distanasia, es decir la “prolongación médicamente inútil de la agonía de un paciente sin perspectiva de cura”. (19) Son varios los motivos que se alegaron para justificar la voluntad de su entorno de hacerlo todo por mantenerle en vida, pero cualquiera que hayan sido, produjeron ese auténtico ensañamiento terapéutico mientras que los comunicados oficiales sobre la enfermedad de Franco trataban de esconder la esperpéntica condición de “cuerpo natural” del anciano, sometido a operaciones de gran envergadura y tratamientos sucesivos, detrás de la retórica de índole técnico-médica evocada antes. El edificante último parte del “equipo médico habitual”, redactado a las 7 y media de la mañana del 20 de noviembre, fue en cierto modo el clímax de esta serie, en particular con la extensa enumeración de sus aterradores “Diagnósticos clínicos finales”: 

Enfermedad de Parkinson. Cardiopatía isquémica con infarto agudo de miocardio anterosepial y de cara diafragmática. Úlceras digestivas agudas recidivantes, con hemorragias masivas reiteradas. Peritonitis bacteriana. Fracaso renal agudo. Tromboflebitis íleofemoral izquierda. Bronconeumonía bilateral aspirativa. Choque endotóxico. Parada cardíaca. (20)

19. Según la definición del Diccionario de la lengua española (RAE): <http://dle.rae.es/?id=Dy1ewWz> [consulta: 11-01-2020].
20. “Diagnósticos clínicos finales”, Arriba (20-11-1975).

El final de la dinastasia (21) correspondió con el mismo día del aniversario de la muerte de José Antonio Primo de Rivera, fundador del partido de Falange Española, cuya ideología fue retomada por el primer franquismo, que había muerto durante la contienda (22) y cuyo cuerpo ya reposaba en el Valle de los Caídos desde el traslado de sus restos mortales el 31 de marzo de 1959.

21. Opuesta a la eutanasia, la dinastasia se refiere al encarnizamiento terapéutico para prolongar la vida artificialmente, por todos los medios posibles.
22. Murió fusilado el 20 de noviembre de 1936 en la cárcel de Alicante.

Al día siguiente de la desconexión de los aparatos que lo mantenían artificialmente en vida, un comunicado informó a los españoles que Franco había muerto. El presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, leyó emocionado su testamento por televisión. El Gobierno se aprestó enseguida a dar forma al evento, a hacerlo todo para ordenarlo e inscribirlo en un marco apacible y sereno para conjurar los temores de un posible caos. Después de un velatorio y una misa en el Palacio del Pardo, su residencia a la que había sido trasladado, oficiada por el Cardenal Tarancón, sus restos mortales fueron expuestos en el Palacio Real de la capital cuyas puertas se abrieron a miles de ciudadanos que vinieron a “darle el último adiós”. El 23 de noviembre se celebró un funeral córpore insepulto en la plaza de Oriente, lugar simbólico significativo del franquismo, presidido por el nuevo monarca don Juan Carlos de Borbón y oficiado por el cardenal Primado de España, Marcelo González Martín, antes de que el cuerpo fuese trasladado a su última morada, el Valle de los Caídos, monumento a los caídos de la Guerra Civil inaugurado en 1959, escoltado por unos motoristas de la Guardia Civil, donde se procedió a su inhumación en la Basílica.

La “Operación Lucero” fue el marco en que se llevó a cabo el control de ese momento tan temido del fallecimiento, preparada meses antes (23), y la cuestión de la última imagen se había planteado para que la muerte del dictador quedara asociada a una representación apacible que constituyera un recuerdo para la eternidad. Antonio Piga, un joven médico forense, había sido contactado para poder, llegado el momento, embalsamarlo rápidamente con el fin de exponer el cuerpo (24), a partir de la madrugada del 21 de noviembre, en el Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid. Lejos de la realidad terapéutica del último parte médico, la última imagen de Franco, después de tan larga elipsis, retomaba un principio de desmaterialización destinado a borrar su condición “natural” para poner de realce el “cuerpo político”.

23. Ver DE PENARANDA, Juan María, Operación Lucero. El plan secreto para mantener todo atado después de la muerte de Franco, Barcelona: Espasa, 2017.
24. AHUMADA, José, “El hombre que embalsamó a Franco”, Las Provincias (21-11-2013) <http://www.lasprovincias.es/20131121/mas-actualidad/sociedad/hombre-embalsamo-franco-201311210110.html>  [consulta: 11-01-2020].

El “último retrato” del Caudillo se asentaba en una tradición decimonónica (25), pero cuyo paradigma se fundamentaba en el concepto medieval de la “belle mort” en que

el lecho de los muertos se suele arreglar para figurar una digna exposición y borrar las huellas de la agonía: el último retrato está autorizado cuando todo está en orden. Pues está conforme con la visión permitida al público, a menudo arreglada por el mismo muerto. […] La muerte tiene que ser hermosa. (26)

25. Se remonta al año 1839 la primera fotografía post mortem, antes de que se desarrollara la práctica del “último retrato”, como sustitución a la pintura, dibujo o máscara mortuoria. Ver a este respecto el texto de HÉRAN, Emmanuelle, “Le dernier portrait ou la belle mort”, Le Dernier Portrait, París: Réunion des musées nationaux, 2002.
26. Ibid., p.39.


Fig.2. El "último retrato" del Caudillo: el paradigma de la "belle mort"


Fue la imagen apacible de un Caudillo reposando en un lujoso féretro, cuidadosamente embalsamado por Antonio Piga y vestido con su uniforme de Capitán General, la que se quiso asociar oficialmente con la muerte del dictador. [Fig.2] [...]



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