Botonera

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24.6.20

VI. "LA VIDA NO ES UNA BIOGRAFÍA", Pascal Quignard, Valencia: Shangrila 2020



Aaron Siskind


[...] Eliot escribió estos dos maravillosos versos en la La tierra baldía 13 v, 405-406: 

Por esto y solo por esto hemos existido
pero no se trata de hallar en nuestros obituarios.
By this, and this only, we have existed
Which is not to be found in our obituaries.

De la misma manera que lo que no es mediatizable es imposible para los mediadores, de la misma manera que el movimiento del tiempo no puede ser ni inmovilizado en el cálculo de los números y las fechas, ni asignado a una única dimensión sobre una superficie plana, de la misma manera el estado de la muerte es incognoscible para un ser vivo.
La muerte efectiva, en su modalidad temporal (fin de la vida), exceptuando el aoristo, ni siquiera es temporal.
Es del orden de lo “post” absoluto.
Temporalidad “hiperbólica” pues el cadáver ha perdido el sentido temporal durante la extinción de todos sus sentidos.
Temporalidad “simbólica” que es una quimera.
Hay una estética negativa de la muerte.
El obituario. La crucifixión. La disección anatómica. El diagrana psicológico. La taxidermia. La biografía.

La taxidermia es el arte de preparar y exhibir a los muertos.
En él se puede distinguir el trabajo sobre la piel, del montaje.
El trabajo sobre la piel consiste en desollar la piel o la dermis y conservar el cráneo. El preparado se hace a base de arsenico. Una vez retirada toda carne y toda vida celular, el montaje consiste en rellenar el saco de piel con estopa y con algodón, con entrevistas, con papel de periódico, rosarios de fechas y cotilleos. Se pone todo junto sobre un soporte. Y al finalizar el montaje se colocan bajo los párpados dos ojos de esmalte.

Del mismo modo la escena sexual, precediendo el avatar de la concepción, pone en escena el misterio del ante puro. Escena desconocida para el que está vivo, que sin embargo da por supuesta su vida y la continúa. De esta misma manera hay una fantasmagoría negativa de la vida después de la vida, poniendo irreprensiblemente en escena el enigma o más bien el jeroglífico del post puro. Y así los limbos alcanzan la región de los infiernos. La tumba se cree matriz, y por eso se espera el delirio de una resurrección. Lo mismo que el que está vivo se esfuerza continuamente en imaginar que ha surgido de un abrazo en el que no figura, el instante de su muerte es imperceptible para la mano del moribundo ya que él pierde el entendimiento mientras se hunde.

En verdad el Post es tan imaginario como el Ante.

El caos los ignora.

[...]

Cuando estaba viva Colette no tuvo madre. No hay más que leer las Claudine: Claudine no tiene madre. Colette no podía más con las imposiciones, encolerizada por la vida provinciana, descontenta con la estrechez y el desamparo negruzco de su pobre habitación, superada por la mediocridad sin horizonte de su vida, finje la violación y se casa con un padre poderoso, wagneriano, parisino, adinerado, en la persona de Willy (catorce años mayor que ella) para liberarse de Saint-Sauveur-en-Puisaye lo más rápido posible.
Su hermana mayor, Juliette, privada también por su madre de su lugar en el espacio familiar, apasionada lectora de novelas, se quedó tirada en las nubes, con el sufrimiento propio de una mujer sin objeto, ahogándose con el paso de los días siempre iguales en una ciudad gris asentada en un promontorio en el antiguo bosque de Fontenoy. Finalmente se suicida.
En París, Quai des Grands Augustins, Gabrielle se desprende del apellido que le ha dado su madre y, para alejarla aún más de su recuerdo, decide adoptar el patronímico de su padre como apellido: Colette.
Sido muere en 1912. Colette ni siquiera asiste a su entierro.
Colette emplea diecisiete años en idealizar aquello que odiaba.
El personaje de Sido data de 1929.

Qué extrañas composiciones son las biografías. Verdaderos cuentos. Insostenibles leyendas desincronizadas que nos tapan la vista, increíbles.

[...]






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