Botonera

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3.12.20

IX. "FACTICIDAD Y FICCIÓN. CINCO SECUENCIAS FOTOGRÁFICAS DE PERPETRACIÓN DE LA SHOAH", Anacleto Ferrer, Valencia: Shangrila 2020




6. SECUENCIA TERCERA:
EXTERMINIO


Incineración en fosas al aire libre de cuerpos de prisioneros gaseados. La foto está tomada clandestinamente desde dentro de la cámara de gas norte del crematorio V de Auschwitz-Birkenau, junto al bosque de abedules. El 23 de septiembre de 1944, concluida la Acción Húngara, las SS acabaron con la vida de 200 prisioneros del Sonderkommando judío que habían participado en la cremación de cadáveres en dichas fosas. 




…luego subiréis como humo en el aire
luego tendréis una fosa en las nubes allí no hay estrechez.

Paul Celan


Junto al fuego de la historia

En La destrucción de los judíos europeos (1961), Raul Hilberg demostró que el único invento de los nazis, en relación con el antisemitismo de los siglos precedentes, había sido la Solución Final, es decir, la maquinaria perfeccionada del exterminio que tenía su epicentro en las cámaras de gas. Además de un estrecho círculo de técnicos de la muerte, solo los miembros del Sonderkommando, compuestos principalmente por judíos y soviéticos, tenían acceso al interior. Su misión era conducir y apaciguar a las nuevas remesas hasta las cámaras, sacar los cuerpos al concluir la ejecución, llevarlos hasta los hornos crematorios y, después, regresar provistos de mangueras para limpiar la sangre y los excrementos que cubrían las paredes y el suelo. En total se obligó a más de 2.200 hombres a servir en el Sonderkommando de Auschwitz durante la existencia del complejo concentracionario que «[v]ivían apartados del resto de los internos, primero en bloques aislados de Birkenau, y más tarde, desde principios del verano de 1944, en el propio conjunto arquitectónico del crematorio» (Wachsmann 2015: 295). La idea de estas Escuadras Especiales, «relacionada con la leyenda de las tumbas faraónicas» según Gitta Sereny, parece probable «que emanara de la fertilidad intelectual de Heydrich» (2009: 156). Fuere como fuere, haberlas concebido y organizado «ha sido el delito más demoniaco del nacionalsocialismo», escribirá Primo Levi:

Detrás del aspecto pragmático (economizar hombres válidos, imponer a los demás las tareas más atroces) se ocultan otros más sutiles. Mediante esta institución se trataba de descargar a otros, y precisamente en las víctimas, el peso de la culpa, de manera que para su consuelo no les quedase ni siquiera la conciencia de saberse inocentes (Levi 2002: 66).

Por más que en unas declaraciones concedidas por Jean-Luc Godard a la revista francesa Inrockuptibles, en octubre de 1998, afirmara: «No tengo ninguna prueba de lo que adelanto, pero creo que si me pusiese con un buen periodista de investigación, encontraría imágenes de las cámaras de gas al cabo de veinte años» (25), lo bien cierto es que las únicas imágenes del punto nodal del exterminio son las arrancadas durante el verano de 1944 por los miembros del Sonderkommando y de la resistencia polaca de Auschwitz en las inmediaciones y el interior mismo de la cámara de gas y el crematorio V de Birkenau, sacadas clandestinamente del campo y reveladas después en Cracovia. 

25. Citado por Chéroux (2002: 216).

Ese verano, puesto que las SS hacían incinerar más cadáveres de los que técnicamente resultaban asumibles, los hornos y las chimeneas empezaron a presentar averías debidas al recalentamiento y hubo que llamar a los especialistas de Topf & Söhne, la empresa familiar de Erfurt encargada de su fabricación y mantenimiento, para que reparasen las instalaciones. (26) Mientras tanto, los cadáveres volvieron a ser quemados al aire libre en cinco grandes fosas que el Hauptscharführer Otto Moll (al que luego veremos en otro álbum) había ordenado excavar detrás del crematorio V.

26. «La construcción de las instalaciones para las matanzas se prolongó hasta bien entrado el año 1943. Hay que achacarlo a las malas condiciones de tiempo, pero también a que la empresa Topf & Söhne tuvo que desarrollar maquetas especiales, innovaciones técnicas que hizo presentar en octubre de 1942. Los ingenieros, sobre todo Kurt Prüfer quien diseñó los planos y supervisó los trabajos, estaban por supuesto al tanto de la finalidad criminal. El encargo, no obstante, se llevó a cabo y se trabajó con empeño en la solución de los problemas más técnicos. Prüfer propuso, por ejemplo, instalar un sistema de calefacción en las cámaras de gas del crematorio II para acelerar en invierno el efecto del Zyklon B. Las SS retomaron más tarde esta idea y colocaron estufas de carbón portátiles en las cámaras de gas.
El crematorio IV fue el primero en estar listo y ser entregado a las SS el 22 de marzo de 1943; el 31 de marzo le siguió el crematorio II, el 4 de abril el V y el 24 de junio finalmente el III. Incluido el llamado viejo crematorio (es decir el crematorio I) del campo principal, clausurado en junio de 1943, las instalaciones llegaron a tener según los cálculos de Topf & Söhne una capacidad de combustión de 4.756 cadáveres por día» (Steinbacher 2016: 132-133). 
El ingeniero superior Kurt Prüfer fue uno de tantos profesionales alemanes que colaboraron proactivamente en la Solución Final mediante «iniciativas propias para la optimización de las instalaciones de exterminio» (Schüle 2017: 71).

Estas fotografías, que se conocen y se han enseñado desde el final de la guerra, sin que ninguna prohibición lo haya impedido, y no han sido realizadas adoptando el punto de vista de los perpetradores sino el de los deportados, fueron hechas clandestinamente en condiciones de peligro extremo. Sobre ellas ha escrito Georges Didi-Huberman un ensayo de gran repercusión destinado a refutar el tópos de la irrepresentabilidad de la Shoah.  (27)

27. El psicoanalista lacaniano Gérard Wajcman, uno de los iconoclastas más estrictos, entiende que «la cuestión de lo irrepresentable no comporta en absoluto un pensamiento sobre el fin de la representación. Si se habla de las cámaras de gas y la exterminación como algo irrepresentable, ello quiere decir que ninguna imagen, que ningún relato, estarían a esa altura, puesto que lo real siempre es “en exceso” con respecto al decir y a lo visible» (Wajcman 2014: 821). Para él, toda fotografía sería un mero «fetiche» encubridor de la realidad de las cámaras y el extermino.

Las fotos fueron tomadas durante la Acción Húngara por un Sonderkommando compuesto por Alberto Errera (Alex, el judío de Tesalónica miembro de la resistencia antinazi que empuñó la cámara), Szlojme Dragon, su hermano Josel, Alter Szmul Fajinzylberg y David Szmulewski (Chéroux 2002: 86). Esta vez, el tema no era el transporte ni los prolegómenos, sino las instalaciones destinadas a la matanza serializada:

Un día de verano de 1944, los miembros del Sonderkommando sintieron la imperiosa necesidad, cuán peligrosa para ellos, de arrebatar a su infernal trabajo algunas fotografías susceptibles de ser los testimonios del horror específico y de la amplitud de la masacre. Arrebatar algunas imágenes a esa realidad. Pero también –puesto que una imagen está concebida para ser mirada por otro– arrebatar para el pensamiento humano en general, el pensamiento de «fuera», un imaginable del que nadie, hasta entonces (pero eso ya es mucho decir, puesto que todo ello fue muy bien planteado antes de ser ejecutado), había vislumbrado la posibilidad (Didi-Huberman 2004: 22-23) [...]





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