Botonera

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8.2.21

VI. "ENTRE ADOQUINES: CINE Y MAYO 68", Manuel Vidal Estévez, Valencia: Shangrila 2021

 

Loin du Vietnam:

"Passage a L'Acte" colectivo


Loin du Vietnam (Claude Lelouch, Agnès Varda, Jean-Luc Godard, Chris Marker, Alain Resnais, Joris Ivens, William Klein, 1967)



La guerra de Vietnam fue sin duda el conflicto de la década de los sesenta. La causa mayoritariamente compartida. El amplificador por excelencia del inconformismo y el malestar general. El aglutinante de las más variadas manifestaciones. Y también el crisol en el que se amalgamaron en Francia las diferentes generaciones: la de Jean-Paul Sartre que se opuso a la guerra de Indochina (1946-1954) y a la guerra de Corea (1950-1953), la de los militantes de la Unión Nacional de Estudiantes de Francia (UNEF) que habían despertado a la política con la guerra de Argelia (1954-1962) y, por último, la de los más jóvenes, cuyo catalizador político fue precisamente la guerra de Vietnam. Reunió, además, a los medios sociales más diversos, no solo intelectuales y estudiantes sino también obreros, y a las organizaciones políticas más dispares, desde la izquierda tradicional socialista y comunista a la extrema izquierda en gestación, sin olvidar a la izquierda cristiana. El factor común que los aglutinaba no era otro que el antiimperialismo; aunque quizá sea más preciso decir que ese factor era el capitalismo imperialista que los Estados Unidos representaban. La potencia americana era el enemigo perfecto, común tanto a los norvietnamitas cuanto a los estudiantes y obreros del resto del mundo, mientras que los vietnamitas encarnaban a las víctimas inocentes merecedoras de la mayor solidaridad activa.

La televisión, naturalmente, informaba a diario de su desarrollo. De hecho puede afirmarse que la guerra de Vietnam fue la primera guerra televisada. Pero el cine también le prestó pronto su atención. En 1965, por ejemplo, el cineasta holandés Joris Ivens, un veterano del cine documental de índole política, realizó Le ciel, la terre, película en la que testimonia la inflexible determinación de los norvietnamitas frente a los incesantes, casi diarios, bombardeos norteamericanos. Asimismo, tres años más tarde, el rechazo generalizado al conflicto bélico, suscitó que Rudi Dutchke, junto a otros líderes de la Federación Alemana de Estudiantes Socialistas, convocara para los días 17 y 18 de febrero de 1968 un Congreso Internacional de Solidaridad con la Revolución Vietnamita que habría de celebrarse en Berlín Oeste. A este Congreso asistieron innumerables delegaciones de estudiantes de los más diferentes países del mundo, no solo europeos, todos ellas pertenecientes a organizaciones de extrema izquierda. Y ni que decir tiene que a él asistieron asimismo los miembros de ARC, el grupo de cine militante, creado poco tiempo antes en París por antiguos alumnos del IDHEC y profesionales libertarios de la clínica psiquiátrica La Borde, dirigida a la sazón por Jean Oury y Félix Guattari, y que realizaron una las películas más representativas de la época: Berlín 68-Rudi Dutchke (1968); merece la pena recordar que el nombre del líder estudiantil alemán se añadió al título una vez que este fue víctima de un atentado dos meses más tarde, el 11 de abril de 1968, perpetrado por un joven de extrema derecha que le disparó tres balazos en la cabeza de los que, pese a sobrevivir, nunca se recuperó del todo. Inmediatamente después, son innumerables los títulos que podrían citarse. Entre otros, merecen destacarse: Ice (1969) y Basic Training (1971), de los estadounidenses Robert Kramer y Frederic Wiseman, respectivamente. También Punishment Park (1971), del británico Peter Watkins. Por citar solo unos pocos títulos de registros muy distintos y ni mucho menos tan famosos y conocidos como aquellos que suelen citarse cuando de la guerra de Vietnam se trata hoy en día, por ejemplo: El cazador (The Deer Hunter, 1986), de Michel Cimino; Apocalipsis Now (1979), de Francis Ford Coppola; o Platoon (1986), de Oliver Stone, o La chaqueta metálica (Full Metal Jacquet, 1987), de Stanley Kubrick. Ninguno de ellos, sin embargo, jamás tuvo, pese a todo, la importancia fílmica ni ha alcanzado la dimensión simbólica que adquirió Loin du Vietnam (1967) (40) apenas estrenada. Por muy diferentes razones. En primer lugar por el carácter colectivo de su realización; luego, por la variedad de dispositivos formales que pone en juego; y, por último, por las indudables consecuencias que produjo en la pragmática fílmica. La suma de todo ello la convierte en una experiencia única, sin parangón en la historia del cine. 

40. Este texto sobre Loin du Vietnam, film colectivo realizado por Wiliam Klein, Joris Ivens, Jean-Luc Godard, Claude Lelouch, Chris Marker, Alain Resnais, Agnés Varda…, se publicó en el número 1 de Materiales por derribo, en diciembre de 2018.

Loin du Vietnam es una película que como bien señala Laurent Véray en su pormenorizado estudio “contiene no solo algunos de los principales y mejores ingredientes característicos del cine llamado comprometido y progresista” (41) –también las más innovadoras y radicales propuestas de lo que se ha dado en considerar modernidad cinematográfica. En este sentido, Loin du Vietnam adquiere para la época la condición de un auténtico manifiesto. Y, desde luego, simboliza sin paliativos, el passage a l´acte político tanto de una generación cuanto del cine como comunidad internacional.

41. VERAY, Laurent, Les Cahiers de Paris Expérimental nº 16, París, 2004, p.3.

El artífice del proyecto no fue otro que Chris Marker; alguien hasta entonces no demasiado conocido por el gran público pero sí muy apreciado en el mundo profesional y por cinéfilos atentos. Contaba en su haber con un cortometraje mítico, La Jetée (1962), un par de notables documentales, Cuba si (1961) y Le joli mai (1962), así como otros títulos no precisamente convencionales: Lettre de Siberie (1957) o Description d´un combat (1960). Un cineasta, por lo demás, cuyos vínculos con el Partido Comunista Francés era más notorios que orgánicos; se remontaban a los tiempos de la Liberación, cuando una vez finalizada la guerra se incorporase a la organización Travail et Culture primero y, luego, poco después, a Peuple et Culture, una organización similar a la anterior y fundada por el maquis de Grenoble en 1944. Discreto como ningún otro cineasta contemporáneo, poco inclinado a conceder entrevistas y menos aún a mostrarse en público, Chris Marker fue capaz de cohesionar intereses y vertebrar la colaboración desinteresada de innumerables profesionales de la más variada cualificació: músicos (Michel Legrand, Michel Fano, Barney Willen), fotógrafos (Roger Pic, Marc Riboud, Bernard Couret), dibujantes (Topor, Folon), coreógrafos (Maurice Béjart), escritores (Jacques Stenberg, Jorge Semprún, Jean Cayrol, François Maspero) periodistas (Michèle Ray, Anne Philipe, Jean Lacouture, Carlos Franqui), cineastas (Joris Ivens, François Reichembach, Alain Resnais, Jean-Luc Godard, William Klein, Claude Lelouch, Agnès Varda). Todos ellos, junto a innumerables profesionales del cine (operadores, técnicos de sonido, montadores) ofrecieron su colaboración por, según dicen los títulos de crédito, “solidaridad con el pueblo vietnamita en lucha contra la agresión americana” [...]



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