Botonera

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24.2.21

XII. "ENTRE ADOQUINES: CINE Y MAYO 68", Manuel Vidal Estévez, Valencia: Shangrila 2021

 

Colectivos de cine militante.

De ARC a Cinélutte



Berlín 68-Rudi Dutschke



ARC (Atelier de Recherche Cinematográfique) nace de la convergencia de dos grupos. El primero reúne a antiguos alumnos del IDHEC, que, en torno a 1963, se plantearon el proyecto de realizar colectivamente un trabajo de tipo político y social. Y el segundo nace en el marco libertario de la clínica psiquiátrica La Borde, dirigida a la sazón por Jean Oury y Félix Guattari. Entre los componentes del primero deben citarse Michel Andrieu, Françoise Renberg, Jacques Kébadian, Renan Polles y Richard Copans. Y del segundo: Jean-Denis Bonan, Mireille Bonan y Mireille Abramovici. A ellos se le adhieren algunos militantes procedentes de la Organizacción Comunista Internacionalista (O.C.I.), organización de carácter trotskista creada a principios de los años 50 por Pierre Lambert, entre ellos el operador Pierre-William Glenn. Y suman la decena de personas que componen el grupo creado en el mes de mayo. 

En 1963, los mencionados ex-alumnos del IDHEC, junto con otros compañeros de promoción, filmaron La grande grève des mineurs, una película que daba cuenta de un conflicto obrero del que la televisión no informaba. Los mineros reclamaban un aumento de salario, pero el Primer Ministro, Georges Pompidou, se resistía a ceder, hasta que no tuvo más remedio que hacerlo ya en el mes de abril. Según Michel Andrieu se elaboró un primer montaje que “no sin ingenuidad se confió a la C.G.T. y nunca supimos qué pasó con la película”. (158) Sebastian Layerle, por su parte, afirma que “las imágenes rodadas en Valenciennes se proyectaron en la sección local de la C.G.T. y también en el local de la UNEF antes de ser incautadas por la policía”. (159) A esta desafortunada experiencia siguieron unos años más indolentes que otra cosa. Esos años que van desde que finaliza la guerra de Argelia hasta que dan comienzo las manifestaciones contra la guerra de Vietnam. Años en los que cada uno de los ex-alumnos del IDHEC no hace sino realizar algún cortometraje, o bien trabajar como ayudantes, ya fuese de dirección o de montaje. Por ejemplo, tres de las películas en las que Jacques Kébadian trabajó como ayudante de dirección son las de Robert Bresson: Au hasard Balthazar (1966), Mouchette (1967), y Une femme douce (1969). Y su primera película como director fue un mediometraje de 50 minutos titulado Trotsky, en 1967.

158. V.V.A.A., Cinéma &Politique. De la politique des auteurs au cinema d´intervention, Maison de la Culture de Rennes: Papyrus Éditions, 1980.
159. LAYERLE, Sébastien, Caméras en lutte en mai 68, op. cit., p.118.

A su vez, Jean Denis Bonan recuerda que “en La Borde hacíamos películas que no eran directamente políticas. Lo más importante era abolir las fronteras, fronteras entre enfermos y sanos, entre cineastas y actores. Los guiones estaban elaborados por los internos y nosotros rodábamos con ellos. Los resultados que conseguíamos así no estaban siempre a la altura de nuestras ambiciones, pero lo esencial era el proceso mismo, el proyecto en sí, que era apasionante”. (160)

Unos y otros entran en contacto en 1967, gracias a la Fédération des groupes d´étude et de recherches institutionnelles (FGERI), creada por Félix Guattari en 1965, y que celebraba sesiones periódicamente en sus locales parisinos de la Ville de Ternes. Esta Federación, de funcionamiento muy flexible, agrupa sobre todo a profesionales e investigadores del campo psiquiátrico. Pero pronto se unen a ella profesionales de otros ámbitos: profesores, economistas, arquitectos, urbanistas, cineastas, etc. Su finalidad no era otra que convertir el trabajo intelectual en un programa de investigación no académico. De lo que se trataba, en suma, era organizar la máxima circulación posible de las aportaciones intelectuales de cada uno de los grupos autónomos que constituían la federación para intentar modificar las falsas certidumbres de cada una de las disciplinas. Y para darles a sus trabajos la mayor visibilidad posible, la FGERI creó la revista Recherches, cuyo primer número se edita en enero de 1966.

Asimismo, Félix Guattari se empeñó también en crear una nueva organización política en el seno de la UEC (Unión de Estudiantes Comunistas): l´Opposition de gauche (OG). “De hecho, los dos proyectos están concebidos como complementarios: la OG era el órgano de intervención política de los profesionales que se reconocían en la red de la FGERI”. (161) [...]

161. DOSSE, François, Gilles Deleuze et Félix Guattari. Biographie croisée, París: Éditions La Découverte, 2007, p.101.

[...] a lo largo de 1967, la radicalización del conflicto vietnamita ha ido in crescendo desde que en abril de 1966 los aviones B-52 norteamericanos bombardearan Vietnam por primera vez. Su rechazo se traduce en innumerables revueltas anti-imperialistas, anti-capitalistas y anti-autoritarias. De este modo convergen en un mismo frente las llamadas luchas de liberación de los países tercermundistas, las luchas políticas protagonizadas por las organizaciones de extrema izquierda y las protestas estudiantiles de muy diferentes países europeos. Es en este contexto donde nacen diferentes organizaciones estudiantiles, los CAL (Comités d´Action Lycéens), que se forman en 1967 a partir de los Comités Vietnam de Lycées y el Comité Vietnam Nacional, y que en 1968 alcanzan un número cercano a 400.

Este rechazo generalizado a la guerra de Vietnam es lo que provoca que Rudi Dutschke y otros líderes de la Federación Alemana de Estudiantes Socialistas convocaran para los días 17 y 18 de febrero de 1968 un Congreso Internacional de Solidaridad con la Revolución Vietnamita, que habría de celebrarse en Berlín Oeste. A él asistieron innumerables delegaciones de estudiantes de los más diferentes países de todo el mundo, no solo europeos, todos ellos pertenecientes a organizaciones de extrema izquierda. Acontecimiento al que, naturalmente, también acudieron los cineastas de ARC con el propósito de filmarlo. 

De esta experiencia surgieron dos películas: un cortometraje de 10 minutos, Université critique: Sigrid, conocido también como Sigrid, y el que habría de ser su primer largometraje, o como ellos prefirieron llamarlo: un primer ensayo de “actualidades revolucionarias”. Sin duda uno de los más representativos de la época. Su título: Berlín 68-Rudi Dutschke, tal y como se conoce hoy en día, o Berlin-68, como se conoció originariamente. De hecho se añadió al título el nombre del conocido líder estudiantil alemán una vez que este fue víctima de un atentado dos meses más tarde, el 11 de abril de 1968, perpetrado por un joven de extrema derecha que le disparó tres balazos en la cabeza de los que, pese a sobrevivir, nunca se recuperó del todo. 

Los 43 minutos de la película ofrecen, desde luego, un notable testimonio del evento. A las intervenciones de algunos de los representantes de las diferentes universidades, se le añade un montaje alterno con las respuestas de Dutschke a las descalificaciones políticas que expone el alcalde de la ciudad, de nombre Schütz. Asimismo, algunos de los delegados proclaman la necesidad de la lucha contra las nuevas formas de fascismo, entre ellos Tariq Ali, Feltrinelli, o Stockely Carmichel. A su vez, el propio Rudi Dutschke expone ante la asamblea los preparativos y la estrategia a seguir en la manifestación del día siguiente, concebida como “una etapa del devenir revolucionario”. El conjunto alcanza su culminación con las imágenes de una acalorada manifestación acompasada al ritmo de eslóganes del tipo ¡¡Ho Chi Minh¡¡, ¡¡Che Guevara¡¡, o ¡¡Libertad a Vietnam¡¡. Imágenes que también muestran a transeúntes a veces curiosos, a veces huidizos, y a comerciantes burlones tras los cristales de su establecimiento, así como a jóvenes hostiles que piden la expulsión de Rudi Dutschke de la Alemania Federal. El documental solo alude en la banda sonora al atentado del que este no tardaría en ser víctima pero la hostilidad que recogen las imágenes pareciera barruntarlo. En este sentido, además de documentar el evento, la película nos ofrece asimismo una excelente semblanza de Rudi Dutschke, de su pasión política tanto como de su talante anti-imperialista, pero muy particularmente de su discurso antifascista y antiestalinista; en una palabra: antiautoritario. Un conjunto de imágenes, en definitiva, que por su valor testimonial no tardarán en ser solicitadas por los más diferentes grupos, sobre todo una vez que estallase Mayo-68. Y que también adquirieron algunas televisiones una vez que se vieron obligas a informar sobre el intento de asesinato de Rudi Dutschke. La adquisición de algunos de sus minutos por parte de la televisión francesa fue lo que, en realidad, permitió a ARC disponer de presupuesto para comprar película virgen y así proseguir con su proyecto de filmar. De ahí que cuando estalle Mayo-68 y el Barrio Latino se incendie, el grupo, taller de reflexión, colectivo, o mera asociación de amigos conocidos como ARC, fuese uno de los primeros, si no el primero, en salir con las cámaras a la calle [...]

[...] Rodada en el marco de los trabajos prácticos del IDHEC, La Reprise du travail aux usines Wonder se debe a cuatro cineastas, a la sazón todavía estudiantes: Jacques Villemont, en la realización; Pierre Bonneau como operador; Liane Estiez como sonidista, y Roland Chicheportiche como ayudante. El 10 de junio acuden a la entrada de la fábrica Wonder, de la rue des Rosiers, en el distrito parisino de Saint-Ouen. Allí, después de tres semanas de huelga, los trabajadores reunidos por su patrón, van a reincorporase al trabajo. Así se ha decidido en una votación cuyos resultados había sido 550 votos a favor contra 260 en contra. Una mayoría, por lo tanto, muestra su satisfacción por el logro de sus reivindicaciones. Pero unos pocos, por el contrario, afirman no haber conseguido nada y creen que debería continuar la huelga. Pese a estas diferencias, todos parecen dispuestos a obedecer la invitación del jefe de personal que los exhorta a entrar por fin en la fábrica. Con mayor o menor conformidad son muchos los que se disponen a hacerlo. Pero en medio de unas u otras opiniones se alza la voz de una mujer que protesta y se resiste a reincorporarse a su puesto de trabajo. No sin vehemencia exclama que no, que jamás entrará en semejante lugar, que es un lugar asqueroso, una verdadera pocilga en la que no quiere volver a poner los pies. Pronto se le acercan dos delegados del sindicato C.G.T. que acuden solícitos a su lado para intentar convencerla de que deponga su actitud. Pero la mujer expone, grita, sus razones. Naturalmente, hay quien la comprende. Y quién no. Entre estos últimos sobresale un joven estudiante “gauchista, “quien entabla una breve conversación con uno de los sindicalistas y que pronto se evidencia infructuosa. Las razones que ambos esgrimen son inconmensurables. Ningún acuerdo es posible entre ellos. El jefe de personal reitera su invitación a entrar en la fábrica. Los obreros empiezan a entrar uno tras otro. Se supone que la mujer, llorando, también lo hará. Pero la película se interrumpe, se termina la bobina, y no nos lo muestra. 

Esto es todo. Pero el mérito de la película consiste en la potencia de su verdad. Verdad que se desprende merced al plano secuencia con el que está captada la situación. Solo un único cambio de plano, al principio, interfiere la unicidad espacio temporal. Y es un corte que precede a la situación propiamente dicha. Un plano secuencia, por lo tanto, que habría hecho las delicias de André Bazin. Y un plano secuencia que no tardó en erigirse en un modelo de cine-verdad, o de cine directo, según la denominación más a la moda. Una película, en suma, que como bien señala Sebastian Layerle “denuncia la traición sindical, estigmatiza la actitud contrarrevolucionaria del Partido Comunista Francés y muestra la fachada de los argumentos de la C.G.T. con los que se fustiga al izquierdismo y se festeja la reanudación del trabajo como si fuese una victoria” (169) Se comprende así que esta breve película haya sido citada y usada en numerosos largometrajes sobre Mayo-68 elaborados con posterioridad a los acontecimientos: Mai 68 (1974), de Gudie Lawaetz; Histoire de Mai (1978), de Pierre-André Boutang y André Frossard; Mai 68, quinza ans après (1983), de Jean Labib y Gilles Nadeau; Nous l´avons tant aimée, la Révolution (1986), de Steven de Winter y Daniel Cohn-Bendit; Paroles de Mai (1988), de Daniel Édinger y François Prébois; Un air de liberté (1990), de Éric Barbier; Reprise (1996), de Hervé Le Roux; y La vie en bleu (1990), de Jérôme Kanapa, entre otras. [...]

169. LAYERLE, Sébastien, Caméras en lutte en mai 68, op. cit., p.258.



Dos páginas de Cine entre adoquines
Capítulo: Colectivos de cine militante: De ARC a Cinélutte




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