Botonera

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5.3.21

XI. "IMAGEN SOBRE IMAGEN. MIS HISTORIAS DE CINE I", Santos Zunzunegui, Valencia: Shangrila 2021




8
The Night of the Hunter (1)
(Charles Laughton, 1955)




1. La película no ha conocido un estreno comercial en España. Durante muchos años su retrato de determinadas prácticas religiosas y su profundo aroma sexual la colocaron en el punto de mira de nuestra censura. Como tantas veces sucedió con filmes esenciales hubo que esperar a que pasaran quince años desde su realización para que TVE en su Segunda Cadena (la popularmente conocida como UHF) la pusiera al alcance del público español el 5 de septiembre de 1970.  


[...] En los meses de diciembre de 1963 y enero de 1964, la revista Cahiers du cinéma, en aquellos años en el ápice de su influencia sobre la cultura cinefílica mundial, publicó un número doble de 250 páginas (150-151) en el que llevaba a cabo una evaluación del cine americano (“Situation II du cinéma americain”). Como el nombre del número especial ponía de manifiesto se trataba de actualizar las posiciones que la revista había formulado sobre el cine USA en su nº 55 de diciembre de 1955, ajustándolas al tiempo transcurrido desde entonces. Entre las novedades que la nueva publicación proponía a sus lectores se encontraba la elección, por parte del equipo de críticos que la habían confeccionado, de un listado de los mejores filmes americanos del periodo sonoro. En esta evaluación, en la que participaron veinticuatro estudiosos, cada uno de ellos elegía sus diez obras predilectas. (2) No me detendré en los resultados de esta competición, a un tiempo, arbitraria y jugosa, sino en las imágenes elegidas para ilustrar las páginas correspondientes de la revista: sendas fotografías, por orden de aparición, de El milagro de Ana Sullivan (The Miracle Worker, Arthur Penn, 1962); Rancho Notorius (Fritz Lang, 1951); Pasión bajo la niebla (Ruby Gentry, King Vidor, 1952), La dama de Shanghai (The Lady from Shanghai, Orson Welles, 1948). He dejado, con plena conciencia, para el final la fotografía que abría la serie y que era, además, la única que reflejaba una pausa en un rodaje en lugar de ilustrar una escena del filme elegido y llevaba un breve comentario anónimo anexo; comentario que parece reflejar la perplejidad a posteriori de los participantes ante lo que la revista parece notar como una ausencia cuando menos llamativa. Se trata de una fotografía de rodaje de The Night of the Hunter, el único filme dirigido por el actor Charles Laughton, en la que se reúnen dos personalidades singulares (el propio Laughton y la gran dama del mudo, Lillian Gish) que engarzan dos tiempos distintos del cine americano. Tiempos que la película mezclaba de manera peculiar. El escueto comentario, quizás añadido por el secretariado de la revista, decía así: “¿el undécimo?”. Curiosa manera de resaltar la excentricidad de una obra que se ubicaba en parámetros tan poco convencionales que ni uno solo de los críticos participantes la eligiera entre sus predilectas, y sin embargo estaba presente en la mente de muchos de los miembros de la revista más destacada entre las dedicadas a la reflexión sobre el cinema por aquellos días. (3)

2. Estudiosos entre los que se contaban Claude Chabrol, Jacques Doniol-Valcroze, Jean-Luc Godard, Luc Moullet, Jacques Rivette o François Truffaut, que no solo habían formado todos ellos parte del staff de la revista sino que integraban ya, en el momento de la aparición del número citado, el núcleo esencial de la Nouvelle Vague.
3. En 2008 las Éditions du Cahiers du cinéma publicaron el libro presentado por Claude-Jean Philippe, 100 films pour une cinématheque idéale que recogía la selección realizada por 78 historiadores y críticos de cine. En este listado The Night of the Hunter aparecía, con 47 votos, en segundo lugar de una lista encabezada por Ciudadano Kane (Citizen Kane, Orson Welles, 1941). A diferencia de la selección de 1964, esta no estaba realizada por el equipo de la revista y dio lugar a un ciclo comercial llevado a cabo en una sala de París.

Porque sin duda estamos ante un filme realmente impar, diferente, singular. Que además, pone en cuestión uno de los lugares comunes sobre los que está basada una buena parte de su fama: el de tratarse de una obra única de un talento único. Aunque pueda parecer paradójico, sostendré que esta verdad enunciada en torno a The Night of the Hunter solo alcanza su verdadero sentido si entendemos el filme como el crisol en el que se maridan los talentos diversos de un amplio equipo de creadores capaces de combinar la multiplicidad de sus habilidades creativas, dejando la orquestación de las mismos en las manos de uno de ellos. En otras palabras, este filme incomparable solo fue posible por la conjunción de esfuerzos. Porque el cine es un arte que hace buena esa idea (que vale casi para cualquier actividad humana) de que lo individual es siempre colectivo [...]

[...] Charles Laughton (1899-1962), imperecedero actor de teatro y cine inglés, al que su físico le confinó en papeles de lo que la industria conoció con la denominación de heavies (esos papeles de antagonista, que no son necesariamente el principal de una obra pero sobre los que suele pivotar buena parte de su interés) cuando no, directamente de monstruos o sádicos. (12) Pero Laughton no se limitó a ser uno de los “grandes entre los grandes” sino que estaba dotado de una capacidad única que supo explotar de manera brillante: la de narrador de historias. (13) En el prólogo a su Tell Me a Story (14), publicado en 1957 lo expuso con claridad meridiana: “Como no soy un inventor de historias –he ensayado muchas veces escribir relatos cortos muy sencillos, pero al día siguiente me parecían todos horribles– me he convertido en un contador de historias. Me gustaría convertirme en el hombre que conoce todas las historias. Esto no sucederá nunca porque un hombre no puede conocer todas las historias. He soñado con todas esas historias y cuentos que no conoceré nunca y me gustaría vivir mil años” (la cursiva es mía). (15) El encuentro de Laughton con The Night of the Hunter, puso en marcha su faceta de “cuentacuentos”, pero ahora en un territorio que hasta ese momento nunca se había atrevido a hollar. Faceta que él mismo sabía habitaba en su interior y que Paul Gregory había activado de forma decisiva además de darle la oportunidad de poner a prueba en una serie de espectáculos sus capacidades tanto de organizador como de editor de textos. De todas estas habilidades hará buen uso en su única aventura como director cinematográfico, actuando como un “orquestador” (16) que conjuga y moviliza materiales heterogéneos y talentos disímiles en una dirección única.

12. Sobre la vida y carrera de Laughton pueden consultarse las dos excelentes biografías de Higham y Callow, recogidas en la Bibliografía anexa. 
13. Los buenos aficionados conocen uno de los momentos más gloriosos de esta faceta de Laughton escondido en el interior de una estupenda comedia de Leo McCarey, Nobleza obliga (Ruggles of Red Cap, 1935), en la que, en su papel de exquisito mayordomo inglés trasplantado al lejano oeste, deja sin habla a los parroquianos del saloon local (y a los espectadores del filme) recitando nada menos que el Gettysburg Address de Abraham Lincoln. 
14. Publicado en 1957 por Mc Graw-Hill, el volumen titulado Tell Me a Story. Texts to be Read and Told: An Anthology, contenía un conjunto de relatos breves de autores tales como H. G. Wells, Ch. Dickens, T. Wolfe, D. Thomas, J. Turber o R. Bradbury, combinadas con fragmentos de la Biblia, seleccionados y presentados por Charles Laughton. En 1962, Laughton reincidió con una nueva antología titulada The Fabulous Country.  En 1943, otro gran Heavie, William Henry Pratt (conocido en los ambientes profesionales como Boris Karloff) había reunido y prologado una antología de relatos de terror (Poe, Faulkner, Conrad, Stoker, Blackwood, entre otros) bajo el título Tales of Terror, en los que se defendía un clean terror contra un gory terror
15. Por cierto, aquí nos damos de bruces con otro punto de contacto entre las carreras de Laughton y de Orson Welles. Dotados de una voz prodigiosa que podían manejar a voluntad, ambos actores se encontraban a gusto en ese papel de “cuentacuentos”. Recordemos que Welles hacia 1955 estaba embarcado en producir para la BBC una serie de TV titulada Orson Welles’ Sketch Book, concebida como charlas personales del artista dirigidas a los espectadores que las escuchaban (y veían) desde la intimidad de sus hogares. 
16. Para poner un ejemplo sencillo. Los excelentes materiales de partida proporcionados por Grubb y la tarea de reorganización llevada a cabo por Agee y el propio Laughton, funcionan en relación con el filme terminado como lo hace la partitura pianística de Cuadros de una exposición de Mussorgsky en relación con la versión orquestal de Maurice Ravel, en la que todos los “colores” y sugestiones armónicas contenidas en la pieza son transmutadas en una obra nueva. 


En el fondo, como le hace decir Brecht en el poema (17) que dedicó al accidente que destruyó el jardín del actor en la costa de California, Laughton “roba”, en el sentido artístico de la palabra lo mejor de todos sus colaboradores para construir una obra que multiplica las potencialidades que contiene cada aportación personal. The Night of the Hunter es el ejemplo fundamental de cómo reunir y acompasar talentos, de cómo hacer propias las cualidades ajenas para devolvérselas enriquecidas [...]

17. Brecht, Bertolt, “Garden in Progress” [1944], en Poemas del lugar y de la circunstancia (selección, traducción y prólogo de J. Muñoz Millanés), Madrid/Buenos Aires/Valencia: Pre-Textos, 2003, pp.104-111.




Dos páginas de Imagen sobre imagen
Capítulo dedicado a La noche del cazador





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