Botonera

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10.6.22

IX. "LA NAVE VA", Revista Shangrila nº 40, Valencia: Shangrila 2022




LA MIRADA FEMENINA SOBRE EL WESTERN
DE LOS EASTERN WESTERNS DE ALICE GUY A LOS WESTERNS REVISIONISTAS
DE KELLY REICHARDT Y JANE CAMPION

Irene de Lucas




Two Little Rangers (Alice Guy, 1912)



Meek’s Cutoff (Kelly Reichardt, 2010)




El poder del perro (Jane Campion, 2021)



Cuando la Edison Company estrena el primer western de la historia del cine, The Great Train Robbery (Porter, 1903), basado en un melodrama teatral de 1896, buena parte de los elementos del género (sus personajes, su iconografía, argumentos sustentados en la acción y el enfrentamiento…) ya estaban asentados en el imaginario del público de la época, lo que explica que fuera un rotundo éxito de taquilla. (1) Sin embargo, desde el estreno de este filme fundacional, que solo retrospectivamente puede considerarse un western, el que durante décadas será considerado como uno de los géneros cinematográficos más estables aún tardaría varios años en conformarse como tal. En años sucesivos aumenta la popularidad de los filmes militares rodados en antiguos fuertes, y especialmente una serie de películas conocidas como Eastern westerns (2) que, a pesar son rodadas en la costa este, recuperan la nostalgia del pasado colonialista reciente emulando la iconografía del Oeste (muchas se ruedan en Fort Lee, New Jersey, no solo por la Edison sino también por productoras francesas establecidas allí, la Eclair o la Solax). Pero es en torno a 1910, momento en que varias compañías como la Selig-Polyscope o la Bison se trasladan a California, cuando los westerns mudos empiezan a identificarse como tales. Thomas Ince encuentra su primera estrella en Gilbert M. Anderson con su personaje de ‘Broncho Billy’, seguido por William S. Hart, cuyos personajes ya apuntan a la ambigüedad moral del cowboy solitario: el “buen hombre malo”. 

1. Sus orígenes pre-cinemáticos se remontan a las manifestaciones persistentes de la leyenda de Pocahontas y de enfrentamientos de pioneros con “pieles rojas”, tanto en diarios de viaje (The Oregon Trail, 1849, de F. Parkman) como en obras de ficción (los Leatherstocking Tales, 1823-1841, de J.Fenimore Cooper o los relatos de la frontera de Bret Harte a finales de 1860). Así, a finales del S. XIX la conquista del Oeste será una pieza central de la gestación de la identidad nacional americana que articula Roosevelt en The Winning of the West (1889-1896) y de la noción imperialista de “destino manifiesto· que introduce por primera vez John L. O’Sullivan y populariza John Fiske, vinculando la desaparición de la frontera al individualismo democrático americano. En paralelo a la actual conquista del salvaje Oeste, en las décadas de 1870 y 1880 proliferan las novelas y melodramas de frontera y los “Wild West” shows desde 1883 –con la eminente y auténtica figura del Oeste en escena, Buffalo Bill–, que popularizan la visión romántica de la aventura del Oeste y generan el simbolismo que aprovechará el cine. 

2. Para profundizar en los Eastern Westerns, recomiendo consultar la obra de Scott Simmon:  The Invention of the Western Film: A Cultural History of the Genre’s First Half Century (2003), de Scott Simmon.

Con los últimos westerns mudos, especialmente los dirigidos por John Ford, y notablemente con el estreno de su primer western sonoro, La diligencia (Stagecoach, 1939), la madurez de este género con ambiciones épicas ya puede reconocerse en todo un conjunto de rasgos estables o códigos que lo caracterizan como un género cinematográfico distintivo. El apogeo que alcanza el western clásico de la mano de Ford y John Wayne en los años ‘40 se verá renovado en los ‘50 con la época dorada de los westerns “adultos” o “psicológicos”, que incluye los filmes de Anthony Mann y la obra maestra de Ford, Centauros del desierto (The Searchers, 1956). Con el declive del género en los ‘60 (coincidiendo con la crisis del sistema de estudios de Hollywood que empieza una década antes en favor de la televisión), los spaghetti westerns de Sergio Leone y los filmes de Sam Peckinpah a las puertas de los ‘70 vuelven a reavivar un modelo cuyos últimos coletazos alternan en un mismo año westerns nostálgicos de la tradición más clásica como Río Lobo (Hawks, 1970) con westerns crepusculares como Pequeño Gran Hombre (Little Big Man, A. Penn, 1970), al que seguirán muchos otros profundamente revisionistas. El declive culmina desdibujando el género con filmes surrealistas como El Topo (A. Jodorowsky, 1971) y parodias como Sillas de montar calientes (Blazing Saddles, 1974), de Mel Brooks. Su práctica desaparición en la década de los ‘80 encuentra un nuevo resurgir con el western contemporáneo en los ‘90 y en el S. XXI, con la aparición de nuevas formas de westerns revisionistas que abarcan desde el surrealismo de Dead Man (J. Jarmusch, 1995) y la rompedora Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005), hasta los célebres westerns de Tarantino o la notable adaptación del western de humor negro The Sisters Brothers (J. Audiard, 2018).

En este largo recorrido y evolución del género cinematográfico más americano por excelencia, la lista de westerns escritos por mujeres es extensa y bien documentada y se remonta a los orígenes mismos del género, aunque muchos de ellos no se conserven actualmente. (3) De hecho, la visión del western como una forma cinematográfica exclusivamente “masculina” desde sus orígenes es una idea equivocada instalada y perpetuada por la práctica desaparición de un buen número de westerns mudos anteriores a 1930 en los que la figura de la cowgirl era especialmente popular. (4) Sin embargo, sí es cierto que, en más de un siglo de existencia de un género tan prolífico, apenas podemos encontrar un puñado de westerns dirigidos por mujeres en el conjunto de la historia del cine. Al margen de los que dirige Alice Guy con la Solax (la mayoría perdidos), antes de 1920 Lois Weber (5) dirige al menos dos (Captain Courtesy, 1915, y When a girl loves, 1919, ambos perdidos) y Ruth Baldwin rueda su célebre parodia del western, ’49’-17 (1917), que se anticipa décadas al western revisionista. Nell Shipman dirige Something New (1920) y Grace Cunard otros tres westerns, The Man Hater (1920) y Her Western Adventure (1921), que también escribe e interpreta, y Daughter of the Law (1921), en el que también actúa. Un salto de varias décadas los separa del spaghetti western que co-dirige Lina Wertmuller bajo el pseudónimo de Nathan Wich, Il mio corpo per un poker (1968), y otras tantas del western musical satírico de Alla Surikova, A man from the Boulevard des Capucines (1987), o del primer western de vampiros, Near dark (1987), dirigido por Kathryn Bigelow. (6)

3. Dorothy Arzner escribió al menos un par (Breed of the Border y The No-Gun Man, ambos perdidos), también Anita Loos (The Saving Grace, también perdido), y Frances Marion cerca de una veintena, la mayoría de los cuales no se conservan (entre otros, All Man, The Mask of Lopez, Galloping Gallagher, Sundown, Ridin’ the Wind, The Tough Guy, Hands Across the Border, The Two-Gun Man, Lone Hand Saunders, The Sunset of legion o Kit Carson). Jeanie Macpherson escribió unos cuantos para DeMille, y Grace Cunard algunos para John Ford y muchos más para su hermano, Francis Ford, interpretando buena parte de ellos (entre otros, es guionista de A Soldier’s Honor, Texas Kelly at Bay, Taps, The Tornado y The Gun Runners, y guionista y actriz en The Half Breed Parson, The Darling of the Regiment, Captains Billie’s Mate, From Dawn tilll Dark, The White Vaquero, The Mysterious Hand, Old Peg Leg’s Will, Three Bad Men and a Girl, And They Called Him a Hero, The Phantom Island, The Princely Bandit, The Powder Trail, y The Rebel’s Net. También produce y actúa en Hell’s Crater, y escribe, produce y actúa en The Bandit’s Wager). A estas primeras guionistas de westerns sucedieron muchos otras, una lista que se amplía considerablemente si incluimos también los westerns que adaptan libros escritos por autoras. 

4. Además de los filmes que protagonizan, en torno a 1912-1914, Vinnie Burns con la Solax y Louise Lester con la American Film Company, Marie Walcamp interpreta a la cowgirl Tempest Cody en una serie de nueve filmes producidos por Universal en 1919. Aunque la más famosa de estas actrices cowgirls es probablemente Texas Guinan (1884-1933), conocida como “la Bill Hart femenina”, que protagonizó muchos de los westerns dirigidos por Francis Ford o Frank Borzage, además de una serie de filmes que produjo ella misma con su propia compañía. La popularidad de la cowgirl apunta al interés que también despertaba este género entre el público femenino. 

5. Tras la francesa Alice Guy, cuyo debut como directora en la Gaumont con La fée aux choux se sitúa entre 1896 y 1902 dependiendo del autor, la americana Lois Weber –que habia trabajado como actriz de phonoscènes con Guy– es la segunda directora y productora de la historia del cine, y co-dirige, junto a su marido, su primer filme A Breach of Faith (1911). Le sigue de cerca la francesa Germaine Dulac, que empieza a dirigir filmes en 1915.

6. Bigelow ha manifestado que su intención era rodar un auténtico western, pero no pudo encontrar financiación a no ser que lo cruzara con otro género más popular en la década de los ‘80, como los filmes de vampiros. El éxito de Bailando con lobos (Dances with Wolves, Costner, 1990) poco después reavivará el interés de los productores por el western.

En los ‘90 encontramos dos interesantes westerns de época, Thousand Pieces of Gold (1991), de Nancy Kelly, y The Ballad of Little Jo (1993), de Maggie Greenwald, sobre una mujer que se disfraza de hombre para sobrevivir en el viejo oeste, y Antonia Bird rueda el western cómico de vampiros caníbales Ravenous (1999). Ya en el S. XXI algunas directoras también han explorado el neowestern con filmes que, de nuevo, cruzan los códigos del western con los de otros géneros, como el western de vampiros iraní A Girl Walks Home at Night (2014) y el western distópico The Bad Batch (2016), ambos de Ana Amirpour. Algunos de estos filmes trasladan el género a otros lugares, como Indonesia, en Marlina the Murderer in Four Acts (Mouly Surya, 2018), o la frontera canadiense con North Dakota en Little Woods (Nia DaCosta, 2018), y varios adaptan sus códigos a la época contemporánea, como los filmes de Chloé Zhao (Songs My Brothers Taught Me, 2015, y Nomadland, 2020) o Cowboys (2020), de Anna Kerrigan. 

Los westerns de época, sin embargo, son los menos frecuentes. Tras El forastero (The Outsider, Randa Haines, 2002), los más recientes son Meek’s Cutoff (2010) y First Cow (2019), ambos a cargo de la directora americana de cine independiente Kelly Reichardt, y el último estreno de la neozelandesa Jane Campion, El poder del perro (The Power of the Dog, 2021), que recibió ocho nominaciones a los premios Oscar y permitió a Campion ganar el Oscar a la mejor dirección.

A pesar de situarse en las coordenadas geográficas y temporales del género (esto es, en la frontera oeste norteamericana y en el periodo que se extiende aproximadamente desde el final de la Guerra Civil en 1865 hasta el cierre de la frontera en 1890), muchos críticos y espectadores discuten si los filmes de Reichardt y el de Campion pueden considerarse realmente westerns, no tanto porque dos de ellos se sitúan temporalmente fuera de sus límites (7) sino porque, además, se alejan de buena parte de los códigos, temáticas y tratamientos que caracterizan al género. Algo similar ocurre con los primeros westerns de la historia dirigidos, escritos, montados y producidos por una mujer, hace ya más de un siglo. Los Eastern westerns de Alice Guy con la Solax (8), a los que ya me he referido, tampoco son westerns en sentido estricto, pues preceden a la gestación de los códigos cinematográficos del género. Es fácil observar que los filmes de Reichardt y Campion y los de Guy se asemejan entre sí y a su vez se alejan del western clásico, no solo porque divergen de sus códigos en multitud de aspectos –desde el argumento, las temáticas o el perfil psicológico de sus personajes, hasta la planificación, el punto de vista narrativo, la factura visual y el tratamiento sonoro–, sino porque se desvían del canon mediante estrategias similares y con objetivos coincidentes. 

7. La historia de First Cow se sitúa en 1825 y El poder del perro transcurre en 1925.

8. En este artículo nos centraremos únicamente en cinco de sus westerns conservados y disponibles para su visionado en la red: Greater Love Hath No Men (Guy, 1911), Parson Sue (Guy, 1912), Two Little Rangers (Guy, 1912), Across the Mexican Line (Guy, 1912) y Algie the Miner (Guy, H. Schenck, E. Warren, 1912).

Del mismo modo que los filmes de Guy no acaban de encajar en los confines del género que se constituye pocos años después, los westerns de Reichardt y Campion vuelven del revés sus códigos y mitos hasta reducir sus señas identitarias prácticamente a las coordenadas geográficas y a la iconografía que define este género. Pese a la distancia de más de un siglo, es posible trazar un arco de relación entre unos y otros. Identificar una serie de rasgos comunes en estos westerns dirigidos por mujeres, en los que subyace una mirada femenina sobre el universo temático y narrativo de uno de los géneros más claramente asociados con la idea de masculinidad en la historia del cine, cuyos tópicos y simbología han influido profundamente en nuestra sociedad. Cabe plantearse, pues, en qué se diferencian los westerns dirigidos por mujeres del western tradicional [...]






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