Botonera

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16.3.21

II. "LA POÉTICA DEL ASEDIO. CINE E HISTORIA EN LA AUTARQUÍA", Christian Franco Torre, Valencia: Shangrila, 2021




PRÓLOGO
Alfonso Palacio
Director del Museo de Bellas Artes de Asturias


La leona de Castilla, Juan de Orduña, 1951


El franquismo siempre consideró que el cine podía tener una gran influencia en la difusión de su ideario nacionalcatólico, así como en la educación de las masas, lo que le llevó a articular toda una serie de mecanismos de control y vigilancia del mismo, aunque también de difusión y apoyo. Esto hizo que acabada ya la Guerra Civil, y sobre todo durante la década de 1940, fueran rodadas un conjunto importante de películas que al final se han erigido en documentos de gran interés no sólo para los amantes del cine, sino también para todos aquellos interesados en otros elementos de carácter histórico, sociológico, etnográfico e incluso ideológico, a través de las cuales se podían reconstruir determinados aspectos, y no poco importantes, de una época. Unas películas que, pese a todo, durante muchos años fueron poco apreciadas o directamente despreciadas por una historiografía tradicional que, de manera miope, apenas alcanzaba a ver en ellas canales de plasmación o bien de una serie de valores vinculados a un periodo oscuro de nuestra historia reciente que parecía que había que olvidar, al igual que su cine, o bien de un conjunto de ideas que consideraba simplemente trasnochadas, reaccionarias y contraproducentes.  

Con el paso del tiempo, esa visión tan simplificada de aquel periodo y de su producción cinematográfica ha ido poco a poco cambiando y a su estudio se ha ido incorporando toda una generación de historiadores que han empezado a ver la complejidad y el interés tanto formal como conceptual de lo que allí se había gestado. En este sentido, La poética del asedio. Cine e historia en la autarquía, de Christian Franco, se inscribe en esta dinámica y está encaminado a convertirse en un referente de la historiografía relativa al cine realizado en España entre 1943 y 1951, o lo que es lo mismo, durante ese periodo conocido con el nombre de autarquía. Y ello porque se trata de un trabajo en el que se analizan de una manera profunda las relaciones entre una parte de la creación cinematográfica de aquella época, y en concreto con especial insistencia de la que se apropiaba de determinados pasajes históricos de nuestra nación (algunos más recientes, incluida la propia Guerra Civil, y otros más remotos, capaces además de construir uno de los imaginarios más potentes que ha dado el cine de nuestro país) y los ideales que el nuevo régimen trataba de instaurar en la sociedad a través, entre otros canales, de aquellas cintas. Ideales que hacían que la gran pantalla, y en definitiva todo el sistema del cine español, funcionara en muchas ocasiones desde la doble y dialéctica condición de ventana propulsora y/o espejo reflector. Se trata, por lo tanto, de un libro que traza de manera brillante un nuevo y necesario surco en torno a la compleja relación entre cine, cine de Historia e Historia, en este caso española, y haciéndolo además también desde un doble y acertado discurso. 

Efectivamente, el autor indaga por un lado, a través de su trabajo, en muchos de los variados aspectos que actúan como agentes condicionantes del proceso de creación de las películas objeto de su estudio, reflexionando sobre la forma en que todos esos elementos nos informan de la sociedad que las produce y, en concreto, de su ideología. Este último concepto resulta clave, lo mismo que el de identidad nacional, en todo el ensayo, sobrevolando muchas de sus páginas con interesantes disquisiciones acerca de su problematización. En este último sentido, Franco estaría trazando, a través de su trabajo, lo que podría denominarse, en palabras de Javier Fernández Sebastián, una “lectura histórica del cine” de la autarquía, en torno al que arroja una gran cantidad de datos que el lector enseguida advertirá. Pero también, y en segundo lugar, el propio autor construye a través de su libro lo que podría denominarse, en palabras de David Iglesias Santos, una “lectura cinematográfica de la Historia”, es decir, un acertado método de análisis de una parte muy concreta de nuestro cine histórico, que le permite valorar la capacidad de determinados filmes para elaborar narraciones de carácter historiográfico a partir de su propio lenguaje y de sus singulares formas expresivas, sin descuidar con ello el discurso ideológico que toda revisión del pasado comporta. Un discurso que lleva, como sucede con muchas de las películas aquí estudiadas, a imponer entre otras cosas una visión concreta del pasado, y por supuesto que también del presente, a la sociedad que las recibía.

Porque la mayor parte de las películas analizadas en el libro, en lo que se refiere a su reflejo de la Historia, deberían ser caracterizadas como películas de reconstitución o intencionalidad histórica, es decir, películas, como bien se encarga de demostrar Christian Franco, mucho más cercanas en lo más profundo de su significado a la operación historiográfica que a cualquier otra cosa, lo cual es una de las grandes intuiciones de este ensayo. Películas en las que la Historia de España constituye el fondo de una intriga, pero, sobre todo, el tema mismo de la trama, y que nos hablan de cómo pensaban o se les incitaba a pensar sobre el hecho histórico a los autores que las realizaron y a la sociedad a la que se dirigían; las ideas y valores que querían o les obligaban a comunicar respecto al presente en que vivían, así como aspectos si no desconocidos para los historiadores, sí para esa sociedad en general.

Esto se aprecia de manera sobresaliente en la primera parte del libro, la dedicada a la retórica de la autarquía, donde se traza la historia del cine español durante el primer franquismo, con todo su entramado legal dispuesto por las autoridades del Estado para controlar el medio, con especial relevancia de la censura. En ese escenario proliferaron las ya citadas producciones de ambientación o intencionalidad histórica, que el autor define como una suerte de subgénero y que analiza brillantemente desde su apogeo hasta su caída. Y es aquí cuando se llega a uno de los capítulos más interesantes de todo el libro, aquel que traza las relaciones entre el cine de género histórico y la pintura de historia del siglo XIX, de la que el primero tanto bebe no sólo en el plano formal, sino también en el del discurso de tintes tardorrománticos que ya aquellos pintores decimonónicos trataron de articular desde la óptica de determinados condicionantes históricos y a través de los que se intentaba la construcción de una serie de relatos, más o menos sesgados, sobre el devenir de nuestro propio país. Así, Christian Franco, de formación historiador del arte, realiza, por un lado, toda una serie de brillantes conexiones formales entre unos repertorios y otros (hasta llegar a los auténticos tableaux vivants que se componían en los filmes), así como, por otro, interesantes reflexiones sobre los caminos de ida desde ese tipo de pintura a esa clase de cine. Además, también hay que anotar que todas esas comparaciones y conexiones, en el ámbito de su análisis, se mueven con tremenda soltura, desde el punto de vista metodológico, entre el formalismo y los estudios visuales, sin dejar de pasar por las bases de la iconografía y la iconología más estimulantes. Finalmente, superado ese nivel más formalista, el autor también sabe desentrañar todo lo que se encuentra detrás de esas técnicas de apropiación que se dan por parte de un medio sobre el otro y, con ellas, todos esos componentes de secuestro y manipulación partidista, con texto, subtexto e hipertexto incluidos, que se producen entre el cine y su referente pictórico, así como entre estos dos medios de expresión y la realidad de los hechos históricos tal y como acontecieron.

Ahora bien, el libro no se agota en estos temas. Excelentemente escrito, lo que impulsa a leerlo de una manera muy fluida, la segunda parte del mismo, dedicada a la poética del asedio, toca temas de gran actualidad en los debates académicos del momento, como por ejemplo el de los distintos roles desempeñados por las mujeres en muchas de esas películas, trasuntos de los que desde determinadas instancias nacionalcatólicas trataban de impulsarse. Así, capítulos como Heroínas de la Sección Femenina, Inés de Castro… ¡Presente! y Una leona con camisa vieja exploran con acierto los distintos prototipos y arquetipos de mujeres que interesaba reivindicar, casi siempre encarnaciones, en sus más variados perfiles, de la propia patria y sus más profundos valores: coraje, santidad, abnegación, heroísmo, etc. 

Si a todo ello se suma el perfecto manejo de las fuentes que hace el autor, el dominio y adecuada modulación de la bibliografía, la discusión de los distintos puntos de vista sobre cada una de las materias hasta llegar a conclusiones propias y originales, así como la perfecta organización de los materiales a lo largo de todos los capítulos, no cabe duda de que estamos ante un libro que en poco tiempo se convertirá en una piedra angular de los estudios sobre la cinematografía de este periodo, de la que abre nuevas vías para su comprensión e interpretación, así como para su disfrute, y que con ello consigue mostrarla mucho más compleja, poliédrica y, en definitiva, interesante de lo que la historiografía tradicional sobre el cine español ha querido presentarla en tantas ocasiones.





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