Botonera

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23.10.21

XIII. "PINTORES DE LA VIDA MODERNA", de Alberto Ruiz de Samaniego, Valencia: Shangrila 2021




ANOTACIONES PESSOANAS I:
UN DRAMA EM GENTE



Pessoa


“Para crear me destruí; tanto me exterioricé dentro de mí que en mi interior no existo sino exteriormente. Soy la escena desnuda por donde pasan varios actores representando diferentes obras”. (Libro del Desasosiego) Esto, es verdad, ya se sabe, está muy estudiado, por mucho que siga siendo tremendamente enigmático, fascinante, indecente. Nuestra tesis se aleja de ello. Podría enunciarse así: la concepción de una identidad autorial dramatúrgica, en la que la escena del yo está ocupada por muy diferentes personajes de paso y condición diversa, no solo ocupa los textos de Fernando Pessoa. También da la sensación de que su propia vida afectiva pudo estar regulada por este extraño condicionante. Merece la pena pensar, por ejemplo, la relación amorosa que el poeta mantuvo con Ophélia, la muchacha que trabajaba de mecanógrafa en una de las oficinas que frecuentaba el escritor. El nombre de ella debió afectar, sin duda, a Pessoa. De hecho –nos lo cuenta la propia Ophelinha– él se le declaró recitando el pasaje en que Hamlet se declara a Ofelia, en una situación por lo demás absolutamente escenográfica: “Un día quedamos sin luz en la oficina. (…) Fernando fue a buscar un quinqué de petróleo, lo encendió y lo colocó sobre mi escritorio. Un poco antes de la hora de salida me dejó una nota sobre la mesa, que decía: ‘Le ruego que se quede’. Yo me quedé, a la expectativa. Es que entonces yo ya me había dado cuenta del interés de Fernando por mí, y yo, lo confieso, también le veía algunas gracias…Recuerdo que estaba yo de pie, poniéndome la chaqueta, cuando él entró en mi despacho. Se sentó en mi silla, posó el quinqué que traía en la mano y, dándose la vuelta hacia mí, comenzó de repente a declararse, como Hamlet se declara a Ofelia: ‘Oh, querida Ofelia, mido mal mis versos; carezco del arte necesario para medir mis suspiros; pero te amo en extremo. ¡Oh, hasta el último extremo, créeme!”.

Quedé perturbadísima, como es natural, y sin saber qué tenía yo que decir, acabé de abrigarme y me despedí precipitadamente. Fernando se levantó, con el quinqué en la mano, para acompañarme hasta la puerta. Pero de repente, lo posó sobre la divisoria de la pared; sin que yo me lo esperase, me agarró por la cintura, me abrazó, y sin decir palabra, me besó, me besó apasionadamente, como loco”.

Es interesante examinar esta conducta, porque esclarece magníficamente las relaciones de Pessoa con los hechos de la realidad [...]





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