Botonera

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7.6.20

VIII. "LA MUERTE DE FRANCO EN LA PANTALLA", Nancy Berthier, Valencia: Shangrila 2020




Capítulo III (b)
Detrás de la cortina: La "pulsión pedagógica"


[...] lo que más fuerza tuvo en el cambio de perspectiva de la visión de la muerte de Franco fue la publicación de unas impactantes fotografías en el número 4 del semanario La Revista del 29 de octubre de 1984, bajo el título “Gran exclusiva mundial: agonía y muerte de Francisco Franco. Un documento gráfico de excepcional valor histórico”. Eran unas imágenes algo obscenas del dictador en su cama del hospital de la Paz que habían sido tomadas unos días antes de su muerte por el mismo yerno del Caudillo, el marqués de Villaverde, porque según él: “Eran necesarias para incluirlas en el historial clínico y la categoría excepcional del personaje las exigía”. (150) Las fotografías, que le fueron robadas, según declaró más tarde, mostraban la realidad cruda de la agonía poniéndole por primera vez un “rostro” y llenando el hueco de la hasta entonces imagen ausente. Posteriormente, Jaime Peñafiel, el director de La Revista, reveló que se las había comprado a una persona –apodada “Garganta profunda” cuyo nombre nunca desvelaría– que había servido a Franco durante 32 años y que se las vendía por lealtad al Caudillo “para que el mundo viera ‘las perrerías’ que le hicieron al final”. (151)

150. El País, (1-11-1984).
151. PENAFIEL, Javier, “El precio de la agonía”, El Mundo (15-11-2015): <http://www.elmundo.es/cronica/2015/11/15/56463c1dca47411f728b45cc.html> [consulta: 11-01-2020].

En medio de noticias dedicadas a la vida frívola de los “famosos” de la época (“El coche que conducirán Carolina y Stephano en África”, “Stéphane Labelle, el nuevo amor de la princesa Estefanía, habla para La Revista”, “Juncal Rivero, Miss España 1984”, etc.), aparece, entre las páginas 76 y 81, exactamente en medio de la revista, un conjunto de 4 fotografías en color reproducidas a gran tamaño (originalmente en formato de 13 por 18). Se trata de cuatro clichés repetitivos de Franco en su lecho del hospital, sacados todas desde cerca, con una misma luz y escala, que encuadran a Franco inmóvil de medio cuerpo. [Figs.18-19-20-21-22]






Figs.18-19-20-21-22



Lo que cambia en las imágenes, es el ángulo de las tomas, con una cámara situada ora a la izquierda, ora a la derecha, ora de frente, así como la presencia del personal del hospital a su cabecera, ocupado en el mantenimiento de una impresionante maquinaria que hace del enfermo una especie de cyborg artificialmente mantenido en vida. Dos de las imágenes son reproducidas a doble página (un privilegio que solo comparten con un anuncio del Renault 25 en ese número), lo cual produce un fuerte impacto visual, reforzado por el carácter casi insostenible de la realidad oximorónica que está expuesta: la visión de un auténtico cadáver vivo. La que tal vez sea la más impresionante, por su ángulo en leve picado, por el hecho de que el pecho de Franco esté destapado, dejando aparecer su piel desnuda, es reproducida a plena página en la portada que aboga obviamente por un sensacionalismo morboso, aunque la “gran exclusiva mundial” se justifica desde un interés histórico en un subtítulo tipográficamente discreto (“un documento gráfico de excepcional valor histórico”). Los textos que acompañan el reportaje tratan de compensar el reconocido “impacto emocional” de las imágenes haciendo hincapié en el valor histórico de “este excepcional documento” y se contentan con enumerar fríamente los datos clínicos de la agonía de Franco, entre el 14 de octubre y el 20 de noviembre. Se anuncia en complemento la publicación, para la semana siguiente, de un dossier completo con entrevistas a “ilustres médicos, que tuvieron a su cargo a tan ilustre enfermo” para conocer “con todo detalle” el proceso. (152)

152. La Revista (del mundo), n° 4 (29-10-1984), pp.76-81. 

En la presentación de las imágenes, nada delataba el menor atisbo de crítica hacia el dictador, y por consiguiente, de voluntad desmitificadora, sino que muy al contrario en los textos se leía una deferencia que contrastaba fuertemente con el contenido de las imágenes, e incluso Jaime Peñafiel justificó posteriormente la publicación de estas fotografías que en su época suscitaron polémica en nombre de un supuesto combate contra la distanasia, al igual que el que se las vendió: 

Allí estaba el general, allí estaba el testimonio gráfico de lo que se sospechaba le habían hecho durante los 15 días que permaneció en la habitación de la primera planta del Hospital La Paz: negarle el derecho a morir tranquilamente, sin dejarle aceptar la propia muerte de una manera digna. Las fotos que tenía en mis manos eran un ejemplo terrible de lo que se puede hacer con un hombre, conservándole, gracias a la tecnología, hasta el último palmo vegetativo. (153)

153. PENAFIEL, Javier, “El precio de la agonía”, art. cit.

Pero reconoció más recientemente también que esta publicación se ubicaba dentro de la auténtica “guerra comercial” que se libraban entonces las dos revistas Hola y La Revista, con “una competencia muy dura, feroz, con muchísimo dinero de por medio”. (154) No obstante, cualesquiera que fueran las razones de esta publicación, lo cierto es que a él no le “cabía la menor duda de que aquello era una exclusiva excepcional”. (155)

54. PRIETO, Carlos, “Franco entubado: las morbosas fotografías de su agonía”, El Confidencial (02-09-2018).
<https://www.elconfidencial.com/cultura/2018-09-02/franco-muerte-fotografias-agonia-franquismo_1610058/> [consulta: 11-01-2020].
155. PENAFIEL, Javier, “El precio de la agonía”, art. cit.

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