Botonera

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12.12.20

X. "ANDRÉI TARKOVSKI Y LA CULTURA UNIVERSAL", Tamara Djermanovic / Olena Velykodna (coords.), Valencia: Shangrila 2020




POLAROIDS DE TARKOVSKI (1979-1984):
UN CRUCE REVELADO
Neide Jallegas


Habitación del hotel termal Bagno Vignoni (Toscana italiana) donde se alojan Andréi Tarkovski y Tonino Guerra mientras trabajan la idea del documental Tempo di viaggio



La imagen no es un cierto significado
expresado por el director, sino todo un mundo
reflejado en una gota de agua.
Andréi Tarkovski (1)


Las polaroids son fotografías únicas y originales. Desde su invención a finales de la década de 1940 hasta la aparición de las imágenes digitales, se hicieron popularmente conocidas como fotos instantáneas. Es un proceso aparentemente simple: después del clic, se escucha el ruido característico de algo procesado dentro de la cámara, y luego se escupe un trozo de papel de la máquina. En él, las formas van apareciendo gradualmente, hasta mostrar una fotografía impresa y ya enmarcada. La velocidad con la que se obtenían las imágenes motivó que los cineastas las usaran para el estudio preliminar de sus películas. Tarkovski hizo uso de las polaroids a principios de la década de 1980.

1. TARKOVSKI, Andréi, Esculpir o tempo, São Paulo: Martins Fontes, 1990, p.130 (trad. cast.: Esculpir en el tiempo, Barcelona: Rialp, 2000).

No obstante, la perfección de estas fotografías ha demostrado con el tiempo ser efímera. Su vida útil es más o menos corta y depende de varios factores, como la temperatura, la humedad, el brillo, etcétera, que afectan a las imágenes obtenidas por este medio. Así, las polaroids se desvanecen en unos cuantos años; lentamente se vuelven indefinidas, como si estuvieran destinadas a cumplir la misión imposible de regresar a su espacio y tiempo originales: un mundo ya inexistente, dibujado solo en los caminos de la memoria, de los lugares a los que no hay posibilidad de retorno. 

Tal desmaterialización del registro de un instante singulariza la comprensión del tiempo bajo la cual Tarkovski hizo sus películas. Asimismo, su filosofía de vida se esfuerza por demostrar la perpetuidad del espíritu en lo efímero de la materia.

“El tiempo –dice el cineasta– no puede desaparecer sin dejar rastro, porque es una categoría espiritual y subjetiva, y el tiempo que vivimos está fijado en nuestras almas como una experiencia en el tiempo”. Las polaroids de Tarkovski, si se consideraran desde esta perspectiva –en el ámbito fotográfico que no excluye la metafísica–, se hicieron en un intento de retener estos vestigios materializados en la imagen. Pero, paradójicamente, proyectan significados más allá del campo estético o histórico. Como si la imagen, deslizándose por los bordes del papel, fluyera en el aire, entrelazando personajes y ubicaciones de sus películas, así como seres y procesos de la vida, penetrando el secreto de las cosas, revelándolo. Una revelación que es, en la esfera del proceso fotográfico mismo, precisamente, el acto de hacer perceptible el objeto fotografiado, gracias a que la luz y la sombra reorganizan, en un momento dado, las formas en la superficie fotosensible. El deseo de desplegar de este modo la forma finita, obtenida por medio de un recorte, se expresa en las siguientes palabras del cineasta:

A través de la imagen, hay una conciencia de lo infinito: lo eterno dentro de lo finito, lo espiritual dentro de la materia, la forma inagotable dada. Se podría decir que el arte es un símbolo del universo, que está vinculado a esa verdad espiritual absoluta que se esconde de nosotros en nuestras actividades pragmáticas y utilitarias.

Estas polaroids únicas, precarias y evanescentes representan reminiscencias de su vida y su trabajo desde 1979 hasta 1984, años demasiado duros para el cineasta: las fechas de su primer viaje a Italia y su decisión de no regresar a su tierra natal [...]





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